Junto al Bilbao de los pisos ultramodernos, lujosos y precios desorbitados, cohabita el Bilbao de toda la vida. El que se levantó en el Casco Viejo hace más de cuatrocientos años, y a cuyo patrimonio arquitectónico muy pocas veces se presta atención, bien porque pasa desapercibido o, sencillamente, se ignora. Y, sin embargo, conserva las construcciones civiles más valiosas de la ciudad por la importancia de su legado histórico. Son, con la excepción de las iglesias de Santiago y San Antón, los edificios más antiguos de la villa. De la mano de un experto, un paseo por la Siete Calles permite descubrirlos. Basta con llevar los ojos bien abiertos. Estas construcciones -casas, caserones y palacios- datan, según el historiador Ramiro Zorita, de finales del siglo XV, XVI, XVII y, sobre todo, del XVIII y se integran dentro de un conjunto compacto que distingue al Casco Viejo.
'CASA DE LOS PESCADORES'
Iturburu, 6. Siglo XV.
Un humilde pedazo de historia
Edurne Barrenetxea era, hasta el pasado enero, la dueña de la casa más antigua que existía en Bilbao. Más de 500 años de historia soportaron sus paredes. Situada en el número 6 de la calle Iturburu de Bilbao la Vieja, junto al puente de San Antón, era conocida popularmente como la 'casa de los pescadores' porque en el frontón que se levantaba en la parte trasera solían jugar a pelota, hace varios siglos, los hombres de la mar.
El 25 de enero fue reducido a escombros pese a las protestas de la Asociación de Vecinos de Bilbao la Vieja, como consecuencia de las obras del Plan Especial de Reforma (PER) que se lleva a cabo en la zona. Con su demolición, a Edurne, que recibió a cambio un piso en Miribilla, se le escapó «un pedacito de mi historia». «Aquí -afirma, emocionada, la ex propietaria- nació mi hijo y murieron mis suegros».
Zorita explica que era el ejemplo más antiguo de construcción gótica. Ocupaba medio solar y disponía de un frente de fachada, muy estrecho, de unos cuatro metros. No tanto por su valor estético, «pues era una casa humilde», era «valiosa» por su legado histórico. Constituía «el único y último testimonio» de edificación de finales del siglo XV o principios del XVI. Disponía de planta baja y dos alturas en voladizo, un tejado a dos aguas y vanos estrechos e irregulares. Destacaba, sobre todo, la portada enmarcada desde la que arrancaba una escalera estrecha. Como único vestigio, se conserva el arco gótico de sillería de la entrada de la casa que el Ayuntamiento instalará en un parque.
PALACIO ARANA
Belosticalle, 1. Siglo XVI
Los más aristocráticos
Pese a las remodelaciones y alteraciones sufridas, el de Arana, en Belosticalle, 1, es el palacio más antiguo del Casco Viejo. A un paso del Mercado de la Ribera, data de finales del siglo XVI. Esta espectacular construcción residencial se diseñó bajo los modelos arquitectónicos castellano-aragoneses, con un impresionante patio interior abierto y porticado. Con sus galerías totalmente cerradas, conserva todavía algunas columnas de tipo toscano. Es el único ejemplar de patio abierto que se mantiene en Vizcaya. La única pega es que, a pie de calle, pasa desapercibido para casi todo el mundo, salvo para sus moradores.
Aparte de por su volumen y estética, los palacios revolucionaron la arquitectura bilbaína «por su ostentación» a base de molduras, blasones, guarniciones... «Han conocido incontables reformas, a veces, muy dolorosas». El de Lezama Leguizamón, enclavado en Ribera, 23, es uno de los más irreconocibles, ya que se ha rehecho «casi íntegramente».
SOMERA, 33
Siglo XVII
Nuevas casas tras el incendio
Este tipo de edificaciones introdujo muchos elementos nuevos, tanto en la estructura interna -planta, escalera, zaguán...- como en la externa: portadas, aleros, vanos, elementos decorativos... Era frecuente la jerarquización de las fachadas, reservando «el lujo» para la principal, mientras las demás «eran pobres». «Se realizaban de mamposto y de entramado de madera relleno de ladrillo».
CASERONES
Siglo XVIII
En las mejores zonas
Zorita destaca el de la calle Santa María, 16 y 18, que sentó un precedente al incluir una ornamentación que se copió posteriormente hasta la extenuación: las molduras aboceladas de recorrido mixto. Las plataformas de los balcones cargan en estupendas tornapuntas de hierro forjado de doble nudo. Son también singulares los de Jardines, 7 -dotado de «estupendos» balcones con hierros que combinan nudos de diferentes tipos- y el de Jardines, 11, que enseña el ladrillo macizo. A juicio del investigador, este viejo Bilbao merece una visita «para conocer la evolución» de la ciudad. «Hay que aprender a disfrutarlo», aconseja.