Cuando a un niño se le pregunta a quién le gustaría conocer, la respuesta más común suele incluir el nombre de un deportista. Futbolistas o jugadores de baloncesto son los preferidos, aunque también hay excepciones. Es el caso de Leire Herrero, de 12 años, que escribió a enlaCe para contar un sueño que ya es realidad. Atendiendo a la petición de EL CORREO, Almudena Cid, aquella gimnasta de la que conoce toda su trayectoria gracias a los periódicos y la televisión, le enseñó alguno de los secretos que le han llevado a lo más alto del escalafón mundial.
El encuentro se produjo en la Fundación Estadio, en Vitoria, donde Cid dio, precisamente, sus primeros pasos en el mundo de la gimnasia rítmica. Los nervios eran patentes en esta joven de Sopelana, que acudió a la cita con sus padres -Juan Ignacio y Nieves-, su abuela Carmen y su hermana pequeña Idoia, y perfectamente ataviada con unas mallas para escuchar los sabios consejos de la vitoriana. La amabilidad innata de ésta última hizo el resto.
Con unos movimientos ante el espejo, se inició la clase particular que tantas veces había imaginado Leire. Rota ya la barrera de la vergüenza por encontrarse ante uno de sus ídolos, todo fue coser y cantar. A cada frase de Almudena, como «cruza un poco más el pie» o «estira el cuello», la respuesta de Leire no se hacía esperar. Se notaba que, durante cuatro años, había practicado la gimnasia en su pueblo natal, afición que ha tenido que dejar a un lado.
«El lugar más cercano para seguir con la gimnasia estaba en Sakoneta, y tenía que desplazarme cuatro días a la semana», explicaba Leire con cierto tono de tristeza. La tres veces finalista olímpica no quería verla desanimada. «Practica otro deporte o el baile», la animaba. Y fueron estas palabras las que permitieron a Leire desperezarse de forma definitiva.
Mientras practicaban con una pelota rosa sobre el tapiz, no hacía mas que interesarse por su carrera deportiva. Algo que le llamó especialmente la atención fue conocer que la gimnasta alavesa se marchó de casa con 13 años. «Yo me lo tendría que pensar mucho, no sé si me atrevería», afirmó con su naturalidad de niña. Y es que, antes de que ella naciera, Almudena ya iba camino de convertirse en la mejor gimnasta española, como el tiempo ha confirmado.
Leire almacenaba todo en su cabeza, como si de un ordenador se tratara. Ni la aparición de su padre con la cámara de vídeo para inmortalizar un momento tan especial le hizo despegar la mirada de su acompañante. «¿Cómo haces el espagat?», le espetó Almudena. Había que ponerse manos a la obra, porque no era cuestión de desperdiciar ni un minuto. Una pequeña mueca de sufrimiento dio paso a la realización del ejercicio. «Es una postura un poco difícil», reconocía ante la atenta mirada de la pequeña Idoia, que no se perdió ni un solo movimiento. No era para menos. Tenía delante a esa joven de la que en numerosas ocasiones había oído hablar a su hermana mayor.
Cazadora de autógrafos
El tiempo parecía correr más rápido de lo habitual, y Leire no quería que se terminara la clase. Estaba inmersa en una de esas experiencias que muy pocas niñas de su edad han tenido al alcance de la mano. Consciente de que era una privilegiada al recibir todas las enseñanzas que Almudena ha vivido en sus propias carnes a lo largo de su trayectoria, fue capaz de hacerle una recomendación. «Cuando dejes la gimnasia, podrías dedicarte a entrenar a niñas como yo. Lo haces muy bien». Un cumplido que Almudena recibió de buena gana. «Cuando me retire».
Leire contó también con el tiempo suficiente para interesarse por el próximo compromiso de la vitoriana: el Campeonato de Europa, que se celebrará en septiembre en Portugal. «Seguro que lo haces igual de bien que siempre. Si lo echan por la tele, te veré». Y también para preguntarle por los Juegos Olímpicos de Londres.
Fueron los últimos instantes de un encuentro que sólo conocían los más allegados. «Les he dicho a mis amigos que tenía una comida familiar», relataba con un signo de secretismo y picardía. Pero todavía restaba un último favor. Leire es una auténtica 'cazadora de autógrafos' en cuya lista figura, por ejemplo, su paisana Joane Somarriba. Y esperaba con ansiedad que su gimnasta preferida le firmara una dedicatoria sobre una gran fotografía. Un intercambio de besos rubricó a su vez una tarde de las de guardar en la memoria. Como tantos éxitos de Almudena.