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El Athletic suma el punto que buscó desde el principio
Los rojiblancos invierten todas sus energías en defenderse ante un Alavés tan conservador como ellos Aduriz se lesiona y Clemente afrontará al menos dos partidos vitales sin su máximo goleador
El Athletic suma el punto que buscó desde el principio
LABOR DEFENSIVA. Ustaritz y Lafuente se aferran para tratar de despejar un balón, mientras Gurpegui les guarda las espaldas. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ, NURIA GONZÁLEZ Y IOSU ONANDIA
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El derbi de Mendizorroza estaba predestinado al empate. Simplificando, por dos motivos. Primero, porque para Alavés y Athletic lo más importante era no perder tras el triunfo de la Real Sociedad en la víspera ante el Málaga. Segundo, porque la conducta que guió a los dos equipos fue proteger ante todo sus porterías. Los rivales se abstuvieron en todo momento de lanzarse al ataque. Al contrario, el principal objetivo de Clemente y Piterman fue cuidar a sus porteros y dificultar la ofensiva enemiga, para resignación de unos aficionados que, quizá porque se esperaban un partido tan espeso, renunciaron a llenar las gradas de Mendizorroza.

El Athletic lo que quería era un resultado que le permitiera recibir sin ansiedad al Mallorca el próximo domingo en San Mamés. Lo consiguió. Mantiene su distancia de seguridad con respecto al descenso, tres puntos y 'goal-average' a favor. Tanto los jugadores como el entrenador se concentraron, con los ojos cerrados en esta tarea. Para empezar, con la alineación. El entrenador sorprendió a todo el mundo al dejar a Yeste en el banquillo, una medida que parecía inconcebible porque quedó fuera el jugador que se ha convertido en el líder de la remontada, el hombre que se rebeló públicamente contra la mediocridad del fútbol del equipo.

Los motivos son una intriga que sólo conoce Clemente. Su respuesta al ser preguntado sobre el asunto fue «genial», pero para el dictamen popular queda la impresión de que la medida quizá tenga relación con la 'rajada' de hace diez días del basauritarra en la que protestó por el empeño en jugar al patadón.

Este punto de vista tiene un aspecto débil. En cuanto Aduriz cayó lesionado a los trece minutos, el entrenador recurrió a Yeste como solución inmediata. Desde luego, dejarle en el banquillo no fue un poderoso estimulante para el basauritarra. A diferencia de anteriores días, se le vio encogido de hombros y sin afilar nunca sus botas. Baste un dato. El jugador que ha decidido los últimos partidos, ayer no apareció en ninguna ocasión de gol, ni siquiera en una de sus especialidades, los lanzamientos a balón parado.

La entrada de Yeste llegó tras una mala noticia, cuya repercusión exacta aún se desconoce. Aduriz, el medio más práctico que tiene este equipo para crear peligro y su máximo artillero, se retiró lesionado poco antes de cuarto de hora. Buscó un balón alto que centró Expósito y se fue al suelo tras chocar con Gaspar y Costanzo. Se levantó para aguantar muy poco en pie. El donostiarra se echó mano a la rodilla derecha. Sufre una distensión de ligamento. Los servicios médicos hablaron, con la pinta de cubrirse en salud, de un mínimo de quince días de baja. Horas de incertidumbre hasta que hoy se conozca el alcance exacto de la lesión. El Athletic ya se prepara para afrontar los partidos en los que buscará la salvación sin el jugador que más ha sacado de quicio a la defensas rivales.

La imaginación, en Altube

El partido ante Osasuna permitió a los hinchas recuperar el orgullo de ver a un Athletic magnífico. No hubo manera de que a un choque extraordinario siguiera otro de igual calibre. La imaginación se quedó en Altube. O en el vestuario. Clemente decidió apostar por un equipo con cinco defensas, con Gurpegui incrustado entre Prieto y Ustaritz. El razonamiento tenía su lógica. De un lado quería contar con un central libre -Gurpegui- para socorrer a los otros dos cuando se les escaparan Aloisi o Bodipo. De otro, quería mantener a Murillo como escudero de Orbaiz, un puesto en el que había tenido un rendimiento alentador ante Celta y Osasuna y razonablemente correcto ayer.

De esta forma, el equipo de Clemente invirtió casi todas sus energías en defenderse. El buen fútbol podía esperar a otra tarde. Se cubrió, en todo caso, de una manera más plácida de lo que podía esperarse. Al Alavés la posibilidad de perder la provocaba una congoja aún mayor que a los rojiblancos porque a ellos sí que les echaba mano la Real Sociedad. Pese a tener jugadores de gran calidad arriba, su ataque no tuvo ayer ninguna grandeza. En realidad, sus aficionados apenas pueden agarrarse a dos jugadas para expresar su frustración, un tiro de Aloisi de volea fuera (m.29) y otro de Bodipo desde el punto de penalti que se marchó arriba (m.84). Muy poca angustia para un Athletic que desde el inicio dio por bueno el punto y que incluso puede enorgullecerse de haber firmado el disparo que más cerca estuvo de entrar, un derechazo de Orbaiz (m.55) que lamió el poste derecho de Costanzo.

Nadie quería perder, y nadie perdió. Si esto pasa en la última jornada de Liga habría quien denunciaría un amaño.

j.o.lazcano@diario-elcorreo.com



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