Los vecinos del barrio Idokiliz de Kortezubi se han unido como el pueblo de Fuenteovejuna, pero no para acabar contra la tiranía del poder, sino para recobrar un símbolo de su historia. Apenas quedaban dos paredes de la ermita de San Millán y como en la obra de Lope de Vega, la unión del pueblo es la que acaba venciendo y «nuestra unión ha servido para levantar un edificio emblemático de nuestro patrimonio», reconoció Marimen Obieta, una de las pioneras de la iniciativa.
Apenas existen datos de su historia, pero los lugareños aseguran que este recinto eclesiástico tiene más de 500 años. Se edificó para oficiar misa a los residentes de los caseríos colindantes y así evitar su desplazamiento hasta la parroquia de Santiago. La familia Ozamic fue la encargada de su construcción pero en 1910 pasó a la manos de los Barrenetxe, actuales propietarios. «Desde entonces le ermita ha padecido un proceso de deterioro muy importante, hasta el punto de pensar que íbamos a perder uno de nuestros símbolos», asegura Obieta.
Conscientes del valor histórico del inmueble, los kortezubitarras iniciaron las gestiones para proceder a su reconstrucción. «Eran todo trabas y escasez de recursos económicos. Pero al final conseguimos 36.000 euros de la Diputación y del Ayuntamiento. Como la suma era insuficiente, nos planteamos la idea de apechugar entre todos. Y así lo hicimos, como si fuera un trabajo, pero de forma altruista», explicó.
Coordinados por el encargado de la obra, Juan Mari Bermeosolo 'Gaztelu', una veintena de voluntarios, pico y pala en mano, comenzaron las labores de levantamiento de la ermita. «Al principio, pensábamos que no íbamos a lograrlo porque el edificio se encontraba en una condiciones lamentables», aseguraron. Unos recopilaban piedras de las canteras y otros pedían materiales para una buena causa. «Todo con la intención de abaratar costos», afirmaron.
Como si de una jornada laboral se tratara, los residentes ocupaban a las nueve de la mañana su peculiar puesto de trabajo. «Sólo descansábamos para el 'hamaiketako' y para la comida del mediodía y así, hasta que se escondía el sol», indicaron. Las mujeres se centraron en recuperar los elementos ornamentales, el altar y las figuras. «La imagen del santo estaba hecha un cromo, apolillado y casi sin pintura. Gracias a los buenos oficios de uno de los mejores talleres de Vizcaya, donde se restauró la imagen de la Virgen de Begoña, logramos que San Millán recuperase su aspecto», detalla Obieta. Las monjas clarisas contribuyeron con las puntillas de la mantelería.
Inauguración
Durante aproximadamente dos meses, esta brigadilla de vecinos trabajaron de manera desinteresada para evitar que con el tiempo desaparezca la huella de su pasado. «Si nadie llega a adoptar la decisión de reformarla, se habría derrumbado y nuestros hijos desconocerían que esta pequeña capilla fue un lugar de encuentro para sus antepasados», manifestaron.
Ayer los vecinos de Kortezubi se reunieron para contemplar el fruto de su esfuerzo y participar en la inauguración tras su restauración. Una misa oficiada por el párroco Aingeru Merikaetxebarria y un 'hamaiketako' popular fueron varios de los actos. «Nos enorgullece admirar nuestra obra porque además ha servido para conocernos más entre nosotros», reconocieron.