Gracias a 'El mundo de la música', el director de orquesta Enrique García Asensio se convirtió en uno de los rostros más populares de España. Invitado por Rafa Sanz-Espert, dirigió ayer en el Arriaga la Banda Municipal de Bilbao.
-¿Cómo le gusta mandar!
-Hombre. Será la deformación profesional. Porque, en fin, la misión del director no es la de mandar.
-¿Cuál es?
-Aunar los distintos criterios que pueden sentir los músicos, que como yo, tienen su corazoncito y sensibilidad. Yo los despersonalizo un poquito y todos tienen que hacer lo que diga yo.
-Siempre con la batuta en mano.
-Sí, sí. (Risas). Efectivamente.
-Muchos le hemos visto así desde niños. Era el director de orquesta de aquella tele en blanco y negro.
-Me contrataron para hacer trece programas. Empezó en blanco y negro, duraba 25 minutos y no tenía presupuesto más que para quince músicos. Y acabó en color, con una hora de duración y tocando toda la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española. Fue una revolución tremenda.
-Muchos chavales le cogimos un poquito de tirria.
-¿...?
-¿Nos aburría la música clásica!
-¿A los niños hay que hablarles de música como de pintura, teatro, literatura y cine! Hay que hablarles de 't-o-d-o', porque son esponjas que lo absorben todo. Lo bueno y lo malo.
-Hay cosas que a unas edades...
-Con 'El mundo de la música', hice que la batuta fuese el instrumento más codiciado de los niños españoles. No pretendía que fuesen músicos el día de mañana, sino consumidores de música y que les gustara. Que no viesen una cosa rara ir a un concierto. ¿Por qué todos los niños entienden de fútbol? Y conste que me encanta, que soy del Valencia, ¿eh?
-Porque disfrutan.
-Porque todos conocen a Beckham, Ronaldo, Ronaldinho... Si se les hablara de Mozart y Arriaga, al que llamaban el 'Mozart español'...
-¿Y ahora le añoramos! Ya no hay programas como el suyo.
-Está lo de 'El conciertazo', de Fernando Argenta, pero es distinto. Los niños hacen un poco el gamberro y se lo pasan muy bien, pero no oyen la música como hay que oírla.
-¿Cómo hay que metérsela sin cansarles?
-¿Jugando!
Oreja como un zapato
-¿Cómo se juega?
-Tocando los instrumentos de percusión, cantando... Algunos dicen que tienen mal oído, pero el oído se puede educar perfectamente, como todo. Cuando yo estudiaba solfeo, tenía un compañero, que se llamaba Carriedo, que luego fue fagotista de la Orquesta de RTVE. Y tenía una oreja... ¿que era un zapato! No entonaba ni una. ¿La profesora doña Amparo logró hacerle entonar! Yo tuve unas grandes condiciones para el violín y la dirección, pero muy pocas para tocar el piano, que lo hago muy mal.
-¿Dirige las orquestas como si fuesen una empresa?
-Así las manejo. Yo soy tocador de orquestas, el mayor conjunto de imperfecciones musicales.
-¿Vaya! Haciendo amigos.
-Cada instrumento en sí es imperfecto y tocado por seres humanos, que no tenemos nada de perfectos... Mi instrumento es la orquesta.
-Habrá músicos que no necesiten ni dirección de lo brillantes que son.
-No. Un violinista o un pianista pueden tocar solos, y hacerlo muy bien, pero una orquesta necesita de alguien que unifique distintos criterios. Si no, no se puede tocar.
-Es muy exigente.
-Soy exigente conmigo mismo. Y, por lo tanto, debo exigir a los demás para que salga lo que yo quiero.
-¿Siempre lleva la voz cantante?
-¿Es que no tengo más remedio! Si no la llevo yo, la versión que harían no sería la mía, sino la de ellos o la de unos cuantos.
-Cuando era músico de a pie bien que echaba pestes de directores.
-¿Yo? ¿Muchas veces! Los músicos opinan sobre los maestros. Y yo opiné en mis doce años de músico sentado. A algunos admiré mucho y a otros les puse verdes. Ahora, siempre que he criticado a algún director tenía razón.
-Si se lo proponen, ¿los músicos se pueden cargar a un director?
-Sí. Nosotros, a la hora de la verdad, cuando estamos delante del público y no podemos hablar, si la orquesta quiere, te puede boicotear perfectamente.
-¿Ha sufrido algún motín?
-¿N-u-n-c-a! Pero sí tengo una arma secreta que ellos no saben. En el supuesto caso de que a mí me preparasen un motín, yo demostraría al público que lo están haciendo.
-¿Ah, sí? ¿Cómo?
-¿Ahhhh! Eso es secreto. Le he dicho que es un arma secreta.
-¿Mira a la cara de los músicos cuando tocan?
-A veces. Otras, es mejor no hacerlo para no ponerles nerviosos. Depende. Pero hay una norma: a un trompa no se le mira nunca.
-¿Por qué?
-Es el instrumento más fallón que hay en la orquesta.
-¿Por qué?
-Hay que tener mucha concentración. En cuanto el labio hace mayor o menor presión de la que debe, sale otro sonido. Puede ser fatal.
-Ahora que dirige a su hija. ¿Quién se pone más nervioso de los dos?
-Seguramente, yo. Ja, ja.
-¿Toca algún instrumento?
-Gané el Premio Nacional de Violín en 1957. Yo soy 'Enrique IV'. Hay tradición en la familia. Mi hija es la quinta y tengo un nieto que ya lo está estudiando.
-¿Es su instrumento preferido?
-El niño estudia violín y piano. Y, además, le gusta mucho la composición. Y el otro nieto toca el violonchello. Hay de todo.
-A sus 68 años, ¿no piensa en la jubilación?
-No, por ahora. ¿Qué iba a hacer?
-¿Cuál es su música preferida?
-La que dirijo en cada momento. Si cuando hago Arriaga, estoy pensando en que me encantaría dirigir 'la novena de Beethoven', no me saldrá bien Arriaga.