Al Muelle de Ripa le esperan tres meses de intensa actividad. Cada mañana de domingo, desde ayer y hasta el último del mes de junio, alrededor de 200 niños de entre 8 y 16 años se acercarán al embarcadero para practicar la pesca deportiva, una modalidad en la que la pieza no muere, siempre se devuelve al agua. El Consorcio de Aguas de Bilbao y la Federación de Pesca Vizcaína inauguraron ayer la cuarta edición de la Escuela de Pesca, que pretende dar a conocer no sólo la práctica de este deporte, también la ría y sus posibilidades de ocio. Por primera vez, también participaron personas con discapacidades físicas o psíquicas: «La verdad es que relaja mucho».
La caña de 4,5 metros de largo y el cebo lo pone la organización, así como los 30 monitores -expertos 'arrantzales'-. Después de formalizar las inscripciones en el puesto de control, sólo quedaba echar la caña y esperar a que picasen.
Pero para escuela, la de los peces que nadan en la ría. Al principio, acostumbrados a lo que les echaban desde las barandillas, mubles, anguilas, lubinas y, sobre todo, carpas y mojarras se acercaban remolonas a la engañosa y siempre eficaz miga de pan. Luego se volvieron más esquivos. Jon Ayarza aprovechó la ingenuidad inicial para pescar un hermoso ejemplar de más de 3 kilos de peso, que fuela admiración de Ripa.
Le asesoraba el monitor más veterano, Santiago Zuluaga, que lleva en la federación la mitad de sus 70 años. «El truco está en tener paciencia y que no se mueva el corcho», explicaba el pescador tras ayudar a Jon Carranza a coger un muble.
Ane y Jon Julián, junto a su padre Félix, no conseguían sacar pieza. «¿Jo! no pican ¿A tí te pican Ane?», se quejaba el niño. «No. Pero mira, una botella ¿tendrá mensaje?». Jorge y Javier Cayuela, mientras, miraban expectantes sus cañas. «Están acostumbrados a pescar conmigo verdeles y si ahora no pican, se aburren», comentaba su padre Fernando. «Lo que me parece insólito es pescar en la ría».