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Martes, 4 de abril de 2006
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CULTURA
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Serra está dispuesto a autorizar una nueva edición de la obra desaparecida
El artista norteamericano y la dirección del Reina Sofía barajan la fabricación de otro orginal con el fin de que sea permanentemente expuesto en el museo nacional
Serra está dispuesto a autorizar una nueva edición de la obra desaparecida
EL ARTISTA. Richard Serra, en mayo de 2005, cuando la instalación de sus obras en el Guggenheim. / BERNARDO CORRAL
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El Museo Reina Sofía no se quedará sin tener a Richard Serra, uno de los más grandes escultores del siglo XX y autor de la estraordinaria instalación de esculturas gigantes en acero que el Museo Guggenheim Bilbao alberga bajo techo desde el año pasado. Su obra 'Equal-Parallel/Guernica-Bengasi', que el centro nacional adquirió en 1987 y que está en paradero desconocido desde que quebrara la empresa que la almacenaba por encargo del Estado, será sustituida por una nueva edición de la pieza, de confirmarse la desaparición, según ha podido saber EL CORREO.

El veterano artista, el más ambicioso y eficaz de los escultores posminimalistas, dueño de una obra presente en los mejores musos del mundo y que se reparte además, en la escala monumental, por infinidad de lugares públicos de EE UU y Europa, está dispuesto a autorizar una nueva edición de la instalación escultórica desaparecida, que el Estado adquirió en 1987 para el museo madrileño, pero que éste sólo ha expuesto con motivo de su apertura en 1990, del 26 de mayo al 15 de septiembre de aquel año. Su adquisición se produjo en una época en que el museo todavía no existía como tal, sino que estaba en una fase embrionaria y únicamente celebraba exposiciones temporales, todo bajo la dirección de la conservadora independiente Carmen Giménez, gran amiga del artista, además de especialista en su obra.

Conversaciones

Una fuente autorizada del museo nacional confirmaba ayer el talante de colaboración con el centro mostrado por el artista norteamericano y admitía que la posibilidad de realizar una nueva edición de la obra, de confirmarse la imposibilidad de recuperarla, ha sido ya comtemplada en las conversaciones que la directora actual del centro, Ana Martínez de Aguilar, mantiene con el escultor desde que se advirtiera la desaparición.

La portavoz del centro se remitía a una carta del representante de Serra, con fecha de enero pasado, en la que éste manifiesta su total confianza en el Ministerio de Cultura y en el propio Museo Reina Sofía. «Ambas instituciones cuentan con el total apoyo del señor Serra, que cooperará con ellas en lo que esté en su mano», dice el agente del artista. Martínez de Aguilar, primera responsable del centro que se preocupa por el destino de la obra de Serra desde que ésta pasara a un almacén hace más de 15 años, se propone además reinstalar la obra con carácter permanente en cuanto pueda disponer de ella.

38 toneladas

La instalación extraviada consiste en cuatro piezas de acero de 24 centímetros de grosor; dos forman de frentre dos cuadrados perfectos, de 148,5 por 148,5 centímetros, y las otras dos repiten esta medida, pero se alargan en horizontal hasta los 500 centímetros.

Su peso total es de 38 toneladas y, cuando fue expuesta en el museo, permaneció dispuesta a lo largo de una de las galerías del edificio de Francisco Sabatini, con las gruesas planchas en sentido transversal, como valladares que obligaban al espectador a repensar su relación con aquel espacio del inmueble, que fue construido como hospital en el XVIII.

La obra de Serra en cuestión -primera del admirado artista que entró a formar parte de una colección pública en España, costó al Estado unos 36 millones de pesetas en 1986, año del encargo, pero su valor alcanzaría hoy varios cientos de millones; se cree en medios del mercado que no menos de 300 (1,8 millones de euros).



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