A falta de resultados en las investigaciones que ha puesto en marcha la Brigada de Delitos contra el Patrimonio Histórico de la Policía Judicial, lo más pertinente es plantearse la reposición de la escultura de Richard Serra que ha desaparecido del Reina Sofía por arte de magia y desidia. En ese sentido, y siempre que el escultor autorice la edición de una nueva copia, la primera pregunta es la que hace referencia a la pertinencia de semejante reposición. Pues bien, dado que la obra desaparecida de Richard Serra no sólo fue la primera del autor en una colección pública española, sino también una pieza importante y casi imprescindible en el discurso del arte contemporáneo, lo más lógico sería poner todos los medios posibles para su reposición.
Aceptado lo anterior, también es discutible el precio, si bien no va a ser nada fácil reducir la enorme revalorización sobre los 36 millones de pesetas que en 1987 pagó por esta pieza el Ministerio de Cultura. Obviamente, en esto del precio también habrá que someterse a la buena voluntad del escultor, para lo cual se podría apelar al interés cultural de todas las partes para que la nueva obra figure en la colección y el artista esté debidamente representado en la misma. Finalmente, lo que todo esto no debería hacer olvidar es la necesidad de depurar responsabilidades y de sancionar a los causantes de tan lamentable episodio.