Pese a que nadie parece asumir la responsabilidad de este hecho, el ciclismo se sitúa ahora mismo en un alto nivel de descrédito, amenaza que se transforma en una espiral de desconfianza que ya no puede crecer mucho más. La puesta en marcha, durante las dos últimas temporadas, de un modelo matemático de control para la detección de consumo de sustancias dopantes está generando situaciones de incertidumbre, confusión e incredulidad, no sólo en el seno del ciclismo; también entre el público en general.
Con el nombre de 'fórmula australiana' se denomina a un sistema creado por el grupo de fisiólogos de Gore, Ashen y Parisotto, para la detección indirecta del dopaje sanguíneo. Éste puede darse fundamentalmente por uso de EPO, transfusiones o hemoglobina sintética. Ya en el año 2000 este grupo planteó que los tests de EPO en orina (método UCI) sólo son capaces de detectar esta sustancia si ha sido utilizada en fechas recientes. Añaden que, en algunos casos, tras 72 horas de un uso de EPO recombinante, se puede no dar positivo. Por el contrario, también ha detectado casos positivos con este método en utilización de EPO con una semana de anticipo. Parece ser que factores individuales o externos afectan a la detección de EPO en orina y que, pasados varios días, la mejora de rendimiento de la EPO se mantiene, pero el método de detección no puede confirmar si se ha hecho uso de esa sustancia o no. No debemos olvidar que el uso de algunas hemoglobinas sintéticas y autotransfusiones no tienen métodos validados de detección.
Ante este problema, se optó por perseguir los efectos del dopaje en vez de ir a por la sustancia o maniobra en sí. El grupo australiano plantea que el índice de crecimiento de los glóbulos rojos podría ser un indicador de manipulación sanguínea. Cuando se observa una gran cantidad de glóbulos rojos maduros (hemoglobina elevada) y simultáneamente se presenta un número bajo de reticulocitos (los glóbulos rojos jóvenes) consideran que existe una anomalía y validan matemáticamente que el organismo ha sido muy probablemente estimulado de manera no natural en fechas previas. Como consecuencia de ello, el cuerpo ha detenido la producción natural de reticulocitos.
Tras haber estudiado el comportamiento de la hemoglobina y los reticulocitos en atletas dopados de manera experimental, determinan que una mera función matemática puede confirmar el dopaje sanguíneo, atendiendo al comportamiento de estos valores. A partir de los índices de un sujeto, si tras aplicar la fórmula el valor obtenido es mayor de 134 se le considera no apto y no puede competir en esa carrera. Parece ser que la fórmula se comporta de manera veraz en análisis estadístico sobre muchos casos, pero surgen las voces que cuestionan si la obtención de sangre, transporte, manipulación y posibles errores de medición de las máquinas, podrían emitir un resultado no real, lo que llevaría a juicios falsos.
Cada caso en cuestión requiere de un análisis en profundidad, dado que los propios autores reconocen que, por ejemplo, un periodo de estancia en altitud podría alterar el resultado que esta fórmula (el 'square' excluyente podría subir hasta 141). Pero este extremo no está considerado por la UCI, o no al menos de manera oficial. No es el único aspecto que genera inseguridad entre los que son sometidos a este test, dado que aunque muchos de los ciclistas y sus asesores no lo saben, en realidad son cuatro fórmulas diferentes las que se están aplicando ahora mismo para detectar cuatro tipos diferentes de protocolos de usos de EPO. Pese a que no se tenga en consideración el resultado de alguna de ellas -no hay sanción pública- nadie duda de que en el futuro las demás fórmulas podrían tener consecuencias.