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Viernes, 7 de abril de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
La cantera de Garrido
El corredor del Quick Step parte desde Zeberio, asciende Dima y nos descubre las rampas de Bikotx Gane
La cantera de Garrido
EN BARAZAR. José Antonio Garrido, en la ruta realizada con EL CORREO. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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MARCHAS
SC Punta Galea

Sábado 8. Mungía, Arrieta, Olabarri, Rigoitia, Gernika, Morga, Mungia (90 km.). Salida 8.55 h.

Domingo 9. Zierbena, Sopuerta, Beci, Güeñes, Humarán, Sopuerta, Santurtzi (85 km.). Salida 8.55 h.

Zallako TE

Domingo 9. Zalla, Izoria, Orduña, Amurrio, Zalla (80 km.). Salida 9 h.

SC Gernikesa

Sábado 8. Amorebieta, Kanpazar, Elgeta, Elorrio (75 km.). Salida 9 h.

Domingo 9. Mungia, Bakio, Plentzia, Gernika (80 km.). 9.00 h.

CDC Foronda

Domingo 9. Mendoza, Nanclares, Cuartango, Izarra, Murguía, Zárate, Gopegui, Vitoria (76 km.). 9 h.

SC Langraiz (Nanclares)

Domingo 9. Nanclares, Foronda, Gopegui, Durana, Nanclares. 9 h.

SC Ariznavarra

Domingo 9. Vitoria, Pobes, Miranda, Berantevilla, Vitoria. 9 h.

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Antes de llegar a ser uno de los elegidos por Bettini para escoltarle en las clásicas, a José Antonio Garrido le costó ser ciclista. Pedaleó en el rugoso pelotón portugués, sobrevivió en la modestia del Paternina... Siempre tan cerca de quedarse sin dorsal. Hasta que el fichaje de su amigo Pecharromán por el Quick Step le abrió las puertas del ciclismo belga. Y ahí sigue, valorado, estimado. Y con buena memoria. Sabe de dónde viene. Por eso, muchos días, tras cuatro horas de entrenamiento, queda con los chavales de la sociedad ciclista de Ugao y les acompaña dos horas más. Él viene de ahí, se refleja en ellos. Es su cantera. La cuida. Garrido es un corredor en tierra de canteras, como la ruta que hoy vamos a realizar. Buen guía, mejor ciclista.

Vive a la entrada de Zeberio, en la cara rural de Miraballes, el decorado de su infancia. «Me gusta tirar para Dima y luego por el pantano de Legutiano. Es una buena carretera para los cicloturistas», recomienda mientras ofrece un café en la cocina de su casa. La de Zeberio es una zona de escaso tráfico. Hasta Artea sólo nos acompañan curvas, caseríos y una leve pendiente. Aperitivo. De Artea a Igorre, los coches recuperan su poder. Pero es sólo un momento. El cruce hacia Dima hace de salvavidas. El puerto brota desde el pueblo: largo, agradecido, ideal para entrenar o para iniciarse en las ascensiones. Una grada de pinos sigue con atención la subida de Garrido. «Hay algunos baches, pero se va bien». Y tanto. sube descosido. Es su terreno. Arriba le esperan un par de caballos de poca alzada y un trago de agua.

El pantano aguarda. Es un espejo que se agita ceñido a una orilla que revela tiempos mejores. «No hay mucha agua -comenta extrañado-. He visto días de verano con más nivel». Desde Dima hasta Villarreal de Álava, el viento hace crujir la arboleda. Es un ligero descenso, pero el aire frena. El verde turbio del agua del pantano se encrespa. Como el maillot azul de Garrido. «Ufff. Pega, eh». Para esquivar a ese enemigo aéreo nada mejor que un quiebro. Justo en Villarreal. A la derecha, hacia Barazar. Poco a poco la carretera se va coagulando con el ritmo de los camiones. Sobre todo cuando la meseta se desploma desde su balcón hacia Zeanuri. Garrido está habituado. Ahí alcanza su velocidad máxima: «72 kilómetros por hora», responde tranquilo. Es lo normal. Es profesional.

«Si quieres vamos ya para casa, pero yo creo que a los cicloturistas les gustaría la subida a Bikotx Gane». Garrido siempre piensa en los demás. En Bettini, en la cantera, en los aficionados. El cielo de esta mañana es rápido. Trae nubes veloces. «Viene cambio». Los ciclistas tienen ese olfato. Tras el regreso a Artea, en lugar de tirar hacia Zeberio, hacemos un bucle. Por Orozko. En dirección a las canteras, al lugar donde Garrido ha esculpido sus piernas. Antes hay que vencer a Bikotx Gane, un puerto de verdad. Un cartel prohibe circular a más de 40 por hora. No hace falta la advertencia. La cuesta lo impide. «Hasta el kilómetro final se sube bien, luego es muy duro». Ya lo anticipa una señal: '12 %'. «Pues yo creo que hay alguna rampa del 14». Duele ese final: «Las pulsaciones me han subido a 184». Además, azota el aire, comba los pinos. «En ese tramo he metido el piñón de 23 dientes». El más alto que lleva. Aviso para navegantes.

Arriba se nota la energía vegetal, un mar verde a la vista que se oculta a medida que descendemos. La carretera hasta Orozko parece extraída del Tirol. Un rincón privilegiado. Garrido ha pasado la vida dando vueltas por allí, tan cerca de la cantera que ha achatado la montaña. Pero aún no se ve la mano del hombre, todavía pedalea sobre el verde. A Orozko se entra por un tramo de pavés. «Como en Bélgica. Ya me ha tocado alguna vez entrenarme así por allí». Claro, está en el equipo de Boonen. Peor era en Portugal, un país de tráfico anárquico.

Al dejar atrás la cantera hay que volver al goteo de coches. Por Areta y Miraballes. En paralelo luego al río Zeberio, el que desemboca junto a la casa de Garrido. «A ver si esta ruta les gusta a los cicloturistas», confía el ciclista del Quick Step. Seguro. La cantera de Ugao tiene un inmejorable guía, el mismo que Bettini en las clásicas.



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