A punto de cumplir ochenta años, Vicente Aranda vive rodeado de tecnología punta. Trabaja en un portatil y se acaba de comprar un gigantesco televisor de plasma en el que, a sugerencia del fotógrafo, muestra su escena favorita de 'Tirante el Blanco'. Elige la seducción de Carmesina, la inocente doncella a la que el caballero Tirante debe desvirgar por intrigas palaciegas. El cineasta barcelonés regresa al territorio de la pasión amorosa y sus devastadoras consecuencias con la adaptación de una novela paródica de aventuras del siglo XV, «una sutil anticipación de 'El Quijote'».
'Tirante el Blanco' es también -con permiso de 'Alatriste'- la superproducción histórica del año. Fiel a su fama de cascarrabias, Aranda ha vuelto a pelearse con su productor, Enrique Viciano, que llegó a interrumpir un tormentoso rodaje que racaneó presupuesto y cambiaba de localizaciones a diario -«empecé luchando contra la arrogancia y he terminado luchando con la miseria»-. Junto al Goya por 'Amantes' que no recogió, el director apila los conseguidos por su mujer, la montadora Teresa Font, 30 años más joven que él y madre de dos niñas que muchos confunden con sus nietas.
-De nuevo reivindica que las mujeres hacen la Historia.
-Que yo me interese por el mundo de las mujeres no significa que sean decisivas en la Historia. Justamente en 'Libertarias' decía lo contrario: la revolución tiende a devorar a sus hijas. Aquí las mujeres toman una actitud activa porque el vacío en política no existe.
-'Juana la Loca', 'Locura de amor', 'Carmen' ¿No le interesa el presente que le ha tocado vivir?
-Ha sido casual. Yo pensaba que con 'Libertarias' me iba a convertir en el cronista de la Guerra Civil española, que es lo que me hubiera gustado. Fue una oportunidad de hacer un cine didáctico, como el de Rosellini, porque no puedo entrar en el mundo de los drogatas y el botellón, por edad me corresponde otra cosa. Pensaba que tenía la fórmula, pero 'Libertarias' no se comportó como esperaba. Parece que empecé mal.
-Le persigue el sambenito de acabar a tortas con los productores.
-Si me pagaran lo que me dicen, tendría mejor carácter. Todo iría perfecto si cumpliesen el compromiso de los contratos. En 'Tirante' sí he cobrado, pero Pedro Costa todavía me debe dinero por 'Amantes'. No quiero ni verle. Con 'Carmen' tengo un pleito ganado y sigo sin cobrar porque interponen recursos. Yo con los actores y con los técnicos nunca tengo problemas, sólo con los productores, y siempre después de rodar porque no me pagan lo que me deben.
-Cuanto más mayor, más puñetero se vuelve.
-Me preocupa que sea el único director que protesta. Pregunto a mis colegas y tampoco cobran, pero no dicen nada.
-¿Por miedo a no volver a dirigir?
-Y yo qué sé. En esto del cine se ha establecido el deber y no pagar. Las películas las deberían financiar los bancos, pero parece que tenemos que hacerlo quienes trabajamos en ellas.
-En sus inicios en la Escuela de Barcelona ni se les pasaba por la cabeza la rentabilidad.
-Éramos muy generosos Queríamos hacer cine y prescindíamos de si iba a ser comercial. Ahora lo tienen más en cuenta.
-Usted es un provocador, pero para eso hacen falta espectadores provocables.
-Estos tiempos no son los de 'El perro andaluz' Yo busco la complicidad a través de una forma dialéctica difícil con el público, no persigo provocar por provocar. No me va eso de Buñuel de ir directamente contra el clero. Me gusta transgredir como lo hacía Hitchcock, de contrabando. Hace poco vi una película de Ridley Scott con Nicolas Cage de timador. La simpatía que llegaba a suscitar el protagonista resultaba digna de Hitchcock, y esa identificación produce inquietud en el alma del espectador. Es algo interpretable a través de la respiración de mil personas en una sala.
Broncas con la policía
-Al borde de los 80 años, ya es el Oliveira español. ¿Cómo entiende la vejez?
-No me la creo. Me afeito delante del espejo y pregunto en voz alta quién es ese. No es lo que yo esperaba, la vejez no es como nos la cuentan. Envejece el cuerpo, pero hay algo dentro de ti que permanece intacto, con ganas del mismo jolgorio. La vejez es corporal, te duelen los huesos, pero el espíritu puede seguir tan fresco como a los diecisiete años. Y eso es un drama.
-Al cine llega tarde, a los 35 años. Pero en su vida también ha sido padre tardío.
-Ya lo he asumido, a mí me pasa todo tarde. Tampoco entiendo por qué resisto tanto. Hay colegas más jóvenes que ya han sido arrinconados, están sin protestar en el cuarto de los trastos sin remedio. Yo aguanto. El otro día conducía por la autopista y un policía me paró y llamó viejo, que es peor que ser negro. Tenía prisa y me había puesto en el carril de la izquierda a 130 kilómetros por hora, pero parece ser que tenía que ir a 200. Me gritaba como a un niño. O como a un viejo. Me amenazó con quitarme el carnet, total, «para los pocos años que me quedaban de vida ». No les gusta que un viejo vaya por el carril de la izquierda, que es para las personas.
-'Libertarias' tardó 18 años en ver la luz; 'Tiempo de silencio', 20; 'Tirante', 40 ¿Le queda algún deseo por cumplir?
-Hay uno que sigue cumpliendo años Quiero hacer la defensa de Madrid, lo que pasó el 9 de noviembre de 1936, muy parecido a lo que ocurrió en Moscú con Napoleón a las puertas, o en Zaragoza con los franceses. Quienes sabían que el enemigo era superior en número se retiraron, pero el pueblo dijo que no entraban. El Gobierno se fue a Valencia, pero los madrileños consiguieron que la ciudad tardara tres años en caer. Madrid fue capital del mundo en esos años, lo que pasó aquí fue impresionante. No sé cómo se celebra el 2 de mayo existiendo el 9 de noviembre.
-Boadella dice que Cataluña vive una epidemia de paranoia y nacionalismo.
-Boadella es muy lúcido, y algo de eso pasa. Yo vivo en Madrid desde hace veinte años, y aquí no se acaban de creer que Cataluña se parece mucho a Estados Unidos. No entienden que el idioma que está en situación precaria es el catalán, porque lo que se habla en todas partes es el castellano. El catalán lo habla la burguesía en el Ensanche, y en el Parlament todos tienen apellido catalán, muy extraño. Cataluña tiene la suficiente fuerza para asimirlarles a todos y dotarles de una nueva patria. Bajo este fenómeno puedes entender que un día los catalanes voten si quieren ser independientes y un andaluz diga que sí.
-Ahora parece que no se puede ser de izquierdas y anticatalanista.
-Una paradoja, sí. Mire, yo tengo una casa en Pollença, en el norte de Mallorca. Y allí en la escuela los niños no aprenden en catalán o en mallorquín, sino en pollansí. Y no pasa nada. Luego salen a la calle y juegan en castellano. Cataluña se entiende mejor a través de una novela de Marsé que en boca de los políticos. Yo he nacido allí, pero no soy hijo de catalanes y he tenido dificultades con el idioma y sufrido que lo catalán se tenga como una exclusiva, más por relación social que por nacionalismo. Si a mí me proponen que no tengo que pagar al ejército, que sólo está ahí para reprimirme, yo también me hago catalanista.