La Vuelta al País Vasco es una balanza. Oscila entre una opción lógica, la condición de contrarrelojista de Contador, y una alternativa sentimental, el estado de forma y anímico de Samuel Sánchez, hijo adoptivo de Las Encartaciones. En cinco días han convivido en el equilibrio, en el mismo segundo. Así saldrán hoy en los 24 kilómetros de lucha individual que anudan un lazo sobre la carrera. Una resolución a penaltis, fiel al estilo histórico de esta ronda. «Quiero llegar así a la crono», decía Contador en Vitoria, de cara a un aire fresco, que lavaba la cara. La etapa le hizo caso. «Quiero salir de líder en la última jornada», deseaba Samuel bajo una redecilla de lluvia. Deseo cumplido. Maillot amarillo en casa. «Será el día más fácil, sólo dependo de mí», continuaba el asturiano del Euskaltel-Euskadi. «Samu tiene todo a su favor, el público, el terreno, pero no está tan habituado a mantener la concentración de una crono», replicaba su joven rival, ganador de esta etapa el año pasado. «Estoy mejor que en 2005, voy a más», proseguía Contador. «Estoy mejor que nunca», contrarrestaba Samuel. Y la balanza, con las dos palmas extendidas, duda. Hoy elige.