El Correo Digital
Sábado, 8 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
ARTÍCULOS
Horario europeo
Los ministros removidos de sus cargos no van a ver venir lo que está a punto de llegar, que siempre tendrá su emoción, pero a cambio van a ahorrarse algunos despiadados madrugones. En España sólo se levantan muy temprano los obreros de algunas fábricas y los inmediatamente inferiores de algunas oficinas, pero en contra de lo que asegura el refrán a quienes madrugan no les ayuda ni Dios.

Es verdad eso de que seríamos incontables las personas que presenciaríamos muy a gusto el espectáculo del amanecer, a condición de que sucediera a otras horas de la mañana. El editor Lara, que era listísimo, decía que un negocio que no diera para levantarse a las once, ni era negocio ni era nada. La acomodación al horario europeo en el Congreso ha trastornado a nuestros diputados y les ha hecho pensar si se habrán equivocado de negocio también.

De los 350 sólo ocuparon su escaño 150 a las ocho de la mañana. La verdad es que no son horas para pensar en la patria, sino para soñar con los angelitos. El resultado fue que se produjo un curioso traslado de bostezos: antes bostezábamos los que oíamos sus discursos en la tele a horas más razonables y ahora eran ellos los que se aburrían escuchando sus propias palabras. No se salvaron tampoco de abrir involuntariamente la boca en inspiraciones y espiraciones lentas y profundas los leones de victorioso bronce de la puerta. Parecían leones de la Metro.

El Pleno más tempranero de nuestra historia se prolongó durante diez horas. Gran paliza. Una jornada laboral que empieza tan pronto y no acaba nunca debe servir para que les perdonemos a nuestros parlamentarios que no sepan parlamentar y sean, casi todos, oradores por escrito. Una corriente de simpatía, cercana a la piedad, nos inunda. Que conste en acta.



Vocento