En 39 años de dedicación abnegada al pincel ha aceptado muchos trabajos de encargo. Atractivos, curiosos, extravagantes; pero ninguno como éste. Iñaki Bilbao figura entre los treinta pintores europeos elegidos para colgar sus cuadros en uno de los trasatlánticos de lujo más grandes que se construyen en la actualidad. Al margen de las estrictas exigencias que le han planteado, este profesor de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco se ha quedado prendado del novedoso modelo de gestión utilizado en el proyecto: todo se ha desarrollado a través de Internet, sin que en ningún momento haya podido ver en persona a sus eventuales patrones.
Todo surgió hace un año, con la llamada de su colega Nicola Salvatore, docente de la Academia de Brera, en Milán. Le invitó a participar en una operación internacional sin tener que moverse de su estudio en Barakaldo. Lo prepararían todo a través de la red y sólo le molestarían para traer el material y llevarse la obra. Parecía un sueño para Iñaki Bilbao, enemigo de las galerías de arte y la «esclavizante» relación de dependencia económica que conllevan.
La idea, aunque atractiva, estaba cargada de incertidumbre al no conocer a otros compañeros de aventura. De hecho, en este tiempo apenas ha logrado atisbar la participación de otro español, «un pintor madrileño del que desconozco su nombre». «Hasta que no firmé el contrato no acababa de creérmelo», reconoce el artista vasco.
Un salón del buque
Le encargaron tres cuadros, dos lienzos de 40 por 60 centímetros y otro de medidas atípicas (1,94 por 2,40 metros) para el acceso a uno de los salones del buque. Todos debían combinar el paisaje urbano, la arquitectura, la claridad y, de alguna manera, transmitir armonía y fraternidad. Y es que la armadora Costa Cruceros bautizará a su barco como 'Concordia'.
Desconfiado, en un principio se limitó a enviar por 'e-mail' cinco bocetos su particular visión de la capital vizcaína. A Iñaki Bilbao le encanta «recolocar» la realidad. Para el cuadro grande le seleccionaron un inmueble del parque de Doña Casilda que ha sido 'estirado', invertido de posición y adornado con una fuente situada, en realidad, mucho más lejos de donde él la ubica. Los dos pequeños evocan edificios cercanos al Ayuntamiento con 'añadidos' que despistan a más de uno. «Están medio inventados», confiesa.
El último mes ha sido frenético. «Los paneles llegaron en febrero y he tenido que volcarme porque los plazos se han quedado muy justos», admite. Otra excentricidad del constructor: el 4 de mayo el transportista volverá al estudio para llevarse el cuadro a Génova, donde Costa Cruceros tiene previsto inaugurar el buque en julio. «Me han invitado a acudir al acto e igual voy, aunque sólo sea por conocer a las personas que han apostado por una forma tan original de promover un nuevo mercado global del arte», concluye.