Las buenas historias son las más difíciles de contar. Esta tiene 43 personajes y cada uno, su relato. Sus edades, además, están comprendidas entre los quince y los setenta años. Algunos son estudiantes y otros, jubilados, aunque la gran mayoría se dedica a trabajar. En este grupo, heterogéneo y numeroso, hay abogados y profesores, peritos y cocineros, barrenderos, escoltas y conductores de ambulancias. Personas que, a simple vista, poco tienen en común.
No obstante, todos ellos comparten una afición: el placer que les da el teatro. Cautivados por el arte escénico, la música, el canto y la danza, los miembros de la compañía Encrucijada se reunieron puntualmente cada domingo del pasado año para dar rienda suelta a su caudal de creatividad. El resultado de tanto esfuerzo se tradujo en un musical, 'El libro de la selva' -basado en la novela más conocida de Rudyard Kipling-, que les ha servido de inspiración y de excusa para integrarse y actuar.
Ninguna de estas personas es actor o actriz profesional. Ninguna ha tenido el tiempo para dedicarse exclusivamente a la formación en arte dramático y, como es lógico suponer, tampoco han podido ganarse la vida interpretando. Muy por el contrario, invierten a diario en ello. Ponen su empeño, su dedicación, sus recursos y su talento para «disfrutar» de lo que hacen y «compartirlo» con los demás. ¿Cómo? Desde las tablas. ¿Dónde? En los teatros vascos Ha sido tanto el trabajo que, al final, no sólo se las ingeniaron para montar una obra entera sino, también, para presentarla.
La compañía -que dona lo recaudado en taquilla a la Asociación Síndrome de Down- ya ha pasado por Barakaldo, Getxo, Amorebieta, Santurtzi y Zalla, y se prepara estos días para las dos últimas representaciones previstas. El 22 de abril ofrecerá el espectáculo en el teatro de Basauri y al día siguiente -domingo- cerrará esta gira en el Arriaga. «La actuación en Donosti hemos tenido que cancelarla», dicen con pena, y aclaran: «Es que justo nos coincidían tres comuniones y no pudimos aplazarla». El argumento hace evidente que, detrás de los telones, hay mil historias que no se ven.
ENSAYOS DOMINICALES
Faltan tres horas para salir a escena, pero no hay nervios en el ambiente. El clima es más bien alegre o, en todo caso, de expectación. «No estamos intranquilos, sino impacientes -dice Jon Casamayor, uno de los miembros más jóvenes de la compañía-. Sí pasamos algo de nervios justo antes de la función, cuando escuchamos que la gente va entrando al teatro, pero la sensación es disfrutable; es el sentido de responsabilidad». La palabra suena algo extraña en la boca de un adolescente, aunque en este contexto resulta de lo más normal. Los siete jóvenes de Encrucijada saben de sobra que la constancia y la disciplina son reglas de oro para lucirse en su actividad.
«Desde Nochevieja que no salgo», menciona Rocío Carrillo para poner un ejemplo. Los ensayos dominicales -«lógico»- frustran cualquier plan. «Nuestros amigos no lo comprenden. Creen que esto es un sacrificio, pero nosotros no. Actuamos porque nos gusta y vale la pena el esfuerzo», añaden los demás. Para cualquiera de estos artistas, «los aplausos» y «las sonrisas» compensan toda renuncia.
El instituto ya es otra cosa, porque a eso, precisamente, no se puede renunciar. ¿Cómo se encaja, pues, la educación con el teatro? «Estudias tras bastidores, en los ensayos, al acabar tu escena Al final, te acostumbras y preparas el examen de Lengua en un camerino sin problemas», responden.
OTRA HIPOTECA
La asociación se fundó en 1982, aunque hubo un largo receso antes de que sus integrantes retomaran el proyecto. «A finales de los ochenta terminamos la Universidad y se acabó lo bonito. Comenzamos a trabajar, aparecieron las hipotecas, crecimos », resume Jesús López, el productor de la obra. Todo quedó «en pausa» hasta el año 2001, cuando en una comida -«probablemente ya en las copas»- empezaron a aflorar los recuerdos. Y, con ellos, una pregunta: «¿A que no seríamos capaces de repetir aquella historia?» No se dijo nada más. «Al día siguiente nos pusimos a hacer llamadas».
Como era de esperarse, sólo algunos respondieron. El grueso del colectivo -es decir, sus fundadores- ronda los cuarenta años y las obligaciones siguen allí. El trabajo abunda, el tiempo libre escasea, muchos están casados y la mayoría tiene hijos. Embarcarse nuevamente en la odisea del teatro significaba, pues, una hipoteca distinta: los domingos en familia, la tranquilidad, el descanso Es «mucho lío», por supuesto, pero encontraron la solución: convertir su pasión histriónica en una actividad familiar.
«Aquí hay siete u ocho parejas -recuenta el productor-. Así es más fácil compatibilizar los dos mundos, porque, si no, habría divorcios a punta pala». No obstante, algunas veces, el camino ha sido al revés, como ocurrió con Xabier Extremera, que hace el papel de buitre en el musical. Fue su hija Lara quien le convenció para unirse a la compañía. «Vino una tarde a casa y me dijo: 'Aita: ¿nos faltan chicos para la obra!'. Yo le pregunté si aceptarían a uno de 46, y, ya lo ves, aquí estoy», relata con humor.
Quien no se lo tomó con tanta gracia fue su mujer, Txelo Diez, que al principio quería conservar la paz del fin de semana. Pero, como bien reza el refrán, si no puedes con tu enemigo hazle todo el vestuario. En efecto, ella asumió la faraónica tarea de vestir al elenco entero y diseñar cada uno de los trajes. «Está encantada de la vida», asegura su marido, y el resultado salta a la vista, porque el colorido y la creatividad impactan. «Los espectadores se sorprenden. Piensan que verán un espectáculo de colegio y luego alucinan».
EL COMPROMISO
Aunque sean un grupo amateur y no pretendan convertirse «en otra cosa», los integrantes de Encrucijada se toman el trabajo en serio. «Tardamos un año en preparar la obra y hemos venido con gripe o lesionados, pero la magia compensa», afirma el productor. Esa 'magia', en realidad, nace del compromiso: todos han «dejado algo» para convertir al sueño en un hecho tangible. Carmen Reoyo -la directora- y Luis Pereira -el compositor de cinco canciones originales para el musical- dejan, por ejemplo, a sus hijos. «Son muy pequeños y se aburren, así que a veces se quedan con los abuelos cuando ensayamos».
«Siempre estás pidiendo favores e implicando a los demás. Por suerte, al final lo entienden cuando ven el resultado y el fruto de nuestro esfuerzo», confiesa la directora. La reflexión vale también para «los ayuntamientos y las instituciones, cuyo compromiso con la causa es real». Apoyan una iniciativa «novedosa y creativa» y, a su vez, un «acto de solidaridad».
LA ORGANIZACIÓN
El elenco de 'El libro de la selva' se divide en tres sectores: los actores de la obra -que también bailan y cantan-, los músicos -que tocan en directo, pues «no tenemos nada grabado»- y el coro, cuyo papel es «fundamental». Organizar todo eso «no es fácil», especialmente porque es «casi imposible» que coincidan todos en los ensayos. Solución: «Lo hacemos por separado», dividiéndose en subgrupos.
No se nota la faena cuando suben al escenario. Allí son una unidad ante un público «agradecido». Cuentan una única historia para un montón de espectadores que desconocen la historia única que hay detrás de lo que ven. Llega la hora, «por fin». Los camerinos están a tope. «¿Venga! A menos cuarto os quiero listos, ¿me habéis oído?», apura Carmen con las palmas. Ya comienza la función. Y termina el reportaje.