El Correo Digital
Domingo, 9 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
GUIPÚZCOA
GUIPÚZCOA
Un cocinero inquieto
Nómada hostelero, ha trabajado en una treintena de sitios y el jueves inauguró un restaurante de tapas en Valencia
Un cocinero inquieto
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Restaurador, empresario hostelero, emprendedor y predispuesto a los cambios de empleo y de ciudad. Varios conceptos que definen la personalidad de Iñigo Pérez Zabaleta, un eibarrés de 40 años que asegura haber estado empleado en 30 sitios diferentes, algo que, de por sí, denota su nomadismo. Su último proyecto le ha llevado a Valencia, donde esta misma semana ha inaugurado un bar especializado en tapas y pinchos donostiarras.

«Estudié hostelería en Donosti y luego pasé por el hotel Lasa de Bergara. Después he estado en Inglaterra, en Tenerife y en Madrid muchos años, 15. Allí monté un restaurante que tuve durante cinco años y ahora he inaugurado otro en Valencia», explica, haciendo un rápido recorrido por su trayectoria. Si algo no le falta a Iñigo es decisión, y su periplo le ha llevado por múltiples fogones, algunos de muy buen comer. «Cuando terminé los estudios estuve por ahí, en varios hoteles, cogiendo experiencia, pero pronto llegué a Madrid y allí trabajé en 28 lugares diferentes. En ese tiempo estuve muy inquieto, inauguré cinco hoteles, unos cuantos restaurantes y de todo».

«Ahora estoy con ganas de quedarme aquí una temporada, por lo menos», dice, a la par que sonríe y reconoce que también se mueve a golpe de corazón. «Mi mujer, Julia, es valenciana, y por eso he decidido asentarme aquí», explica. También tiene dos hijos, «Adrián y Paola», y su proyecto actual acapara casi todo su tiempo. «Hemos montado un restaurante especializado en tapas donostiarras. Está en la localidad de Torrente, en Las Américas, una zona de centros comerciales, y se llama 'Williams-Zabaleta Tapas Bar', porque mi socio es inglés», aclara.

Este pasado jueves fue inaugurado y ahora toca hacerse un espacio en un sector de mucha exigencia. «Hay que trabajárselo bastante, pero si algo tiene bueno Valencia es el clima, porque te permite aprovechar la terraza ocho meses al año. Tenemos un restaurante grande, de 300 metros, y además la terraza tiene 500», indica. Antes de dar el paso lo meditó mucho . «Hicimos un estudio de mercado y en una tierra de arroces vimos que había espacio para un restaurante de pinchos, que es lo mío».

Lleva su origen eibarrés con mucho orgullo. «Ahí tengo a mi madre y siempre que puedo voy, casi siempre en fechas señaladas. La verdad es que cada vez siento más añoranza de Eibar. Dicen que la ciudad es fea, pero para mí es la mejor y la más bonita, porque después de dar muchas vueltas echas más de menos tu lugar, la cultura de ahí y todo en general», sostiene.

Pero, por encima de todo, Iñigo Pérez añora a sus gentes, porque «como la gente eibarresa no hay otra, y tampoco un ambiente como el que ahí se respira».



Vocento