En su evolución por querer saber y por dar un mejor servicio en su farmacia, el boticario Alfredo Elorza, ha dedicado su vida al estudio de las plantas y sustancias medicamentosas como una alternativa natural a la «medicina oficial». En su farmacia una quemadura puede ser tratada con productos fitoterapéuticos como el aloe vera, con cápsulas homeopáticas compuestas de apis, o con una pomada farmacológica.
-¿Son compatibles estas tres formas de medicar?
-La medicina oficial supone el 90% de la demanda, sin embargo la Fitoterapia y la Homeopatía están funcionando muy bien en esta farmacia y la gente está muy contenta. Son un complemento muy interesante a la medicina tradicional.
-¿Cómo llegó a introducirse en este mundo de medicinas alternativas?
-Siempre me ha interesado la medicina que está fuera de los campos oficiales. Sin duda, no renuncio a la medicina clásica-oficial, que es la que verdaderamente funciona, pero en muchos momentos se necesita de la ayuda de estos medicamentos 'alternativos'.
-¿Qué fue primero?
-La Fitoterapia me introdujo en este mundo. Supongo que el comienzo fue que llamó la atención que yo hablara euskera en la farmacia, en un momento en el que no era nada usual. Fue entonces cuando empezó a entrar gente que me preguntaba cómo se curaban las verrugas o me pedían una plastoverbena. Me encontraba con preguntas a las que tenía que dar respuesta y empecé a ir a cursos de Fitoterapia Aplicada, siempre en centros oficiales, y a introducir cada vez más medicamentos fitoterapéuticos en la farmacia.
-Sin embargo, hay numerosas críticas sobre las posibles contraindicaciones de estos medicamentos. ¿Es cierto que las plantas medicinales no son tan inocuas como se piensa?
-La gente tiene muchas ideas equivocadas. Equivoca Fitoterapia con productos naturales y cree que no hay peligro en su consumo. Esto es sin duda un tópico porque aunque sean naturales pueden ser peligrosas. La curación con plantas medicinales no tiene por qué ser lenta y produce efectos secundarios. Este es el caso del hypericum o planta de la tristeza, utilizada para la depresión, o de la celidonia cuyo consumo ha provocado ingresos hospitalarios.
-Pese a todo, en Euskal Herria, que tiene una tradición muy fuerte en plantas medicinales por su clima y botánica, es muy común encontrarte mercados de 'hierbas' en donde se venden plantas para curar todo tipo de dolencias.
-Sí, yo lo respeto y sé que son gente que sabe muchísimo de plantas pero hay que tener cuidado, con la cantidad que se utiliza, el número de tomas y por supuesto el origen de la plantas.
-¿Habla del fenómeno, cada vez más común, de la falsificación de plantas medicinales?
-Si, a nivel de plantas medicinales también existe el 'medicamento manta', como en el mundo de los discos. Sobretodo, se falsifican plantas exóticas y caras como el ginseng o el enterococo. El ginseng, que sigue siendo un producto maravilloso, fue falsificado a base de cafeína que subía la tensión y generaba muchos problemas de salud. Por eso, es necesaria su regulación.
-Otro de los campos que trabaja en su farmacia es la Homeopatía, ¿cómo llegó a ella?
-Fue por casualidad, echando un vistazo en una librería llegó a mis manos un libro de Homeopatía. Tras leerlo, me pareció la cosa más increíble del mundo. Curiosamente a los 20 días me enteré de un curso en Madrid y fui a curiosear. Salí de allí incrédulo, pero con el gusanillo dentro. Y seguí.
-Y sin pretenderlo se ha convertido en uno de los pioneros en Euskadi. ¿Cómo ha evolucionado?
-Cuando yo empecé sólo encontré un médico homeópata en Pamplona, de 90 años de edad y al que llamaban 'Doctor pildoritas', que tenía consulta en San Sebastián, y un catalán que elaboraba las cápsulas. Unos auténticos Quijotes de la homeopatía. Yo fui el primero en darlo a conocer en el Bajo Deba. Hoy, pasan consulta tres médicos sólo en Eibar.
-La Homeopatía se hallaba en expansión cuando la revista médica The Lancet publicó un estudio elaborado por la Universidad de Berna (Suiza) que sostenía que los efectos beneficiosos de esta medicina se debían sólo a la autosugestión del paciente, al placebo, ¿qué tienen de razón unos y otros?
-Razón tienen los dos. Los que están en contra de la homeopatía sostienen que si yo tengo una dosis infinitesimal, no hay nada, y eso no puede curar. Los que están a favor responden que si hay niños de a los que les doy un medicamento y se curan, no puedo decir que no funcione. Sin duda, uno de las grandes batallas de la Homeopatía es demostrar científicamente lo que consigue.
-Y usted, como farmacéutico ¿en qué posición se sitúa?
-La homeopatía funciona.
-Pero si se usan medicamentos muy diluidos, hasta tal punto de que no es demostrable que exista medicina. ¿Cómo puede curar algo que no es nada?
-(Sonríe). Lo grande es que algo que 'no es', cure. La única seguridad es que no puede producir daño y si yo curo a un niño de un mes de edad de una diarrea, ese niño no está sujeto a placebo, aunque la madre así lo quiera.