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Domingo, 9 de abril de 2006
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OPINION/Napoleón
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Berlusconi gobierna Italia como la sucursal de un banco. Está acostumbrado a obtener cosas donde no las hay, como el pelo en su cuero cabelludo, y a hacer desaparecer otras evidentes, como las arrugas o los delitos fiscales bajo el maquillaje. Y siempre, a sacar ganancia de pescador en río revuelto. De hecho, llegó al poder con las manos en los bolsillos y la justicia soplándole en la nuca y es hoy el hombre más rico de Italia e inspirador de una caterva de leyes exculpatorias. Fatuo, exhibicionista, cantamañanas de crucero y paradigma del italiano medio, al que por sus aspavientos y culto al 'ego' conoceréis.

Barato y cínico, es respaldado en su país por tantas voluntades como las que en el exterior exigen que lo deje. Hasta muy conspicuos periódicos de la derecha insigne como 'The Financial Times' animan su despedida. Pero nuestro balcón suele dar a distinto patio y, mal que nos pese, en el mundo global no se nos permite votar en otro país que el nuestro. De no ser así tal vez se hubiese frustrado la presidencia de Bush, la repetición de Blair, la elección de Sharon y quién sabe si hasta la contumaz omnipresencia de Aznar. La realidad tozuda suele ser un reflejo de nuestra alocada imaginación. Nunca olvidaré cómo en las primeras elecciones rusas los medios occidentales dimos por vencedor a Gorbachov, por quien apenas votó el 0,6% de sus conciudadanos; proclamamos a Peres triunfador frente a Barak, cuando este último se impuso, y nadie dio un céntimo por Hamás frente a la Autoridad Palestina en las recientes elecciones . Nunca tantos tuvimos una vista tan corta.

De 'Il Cavaliere' nos espanta su burda alegoría, nos ofende y desconcierta su falta de modales. Pero también lo hizo la condición primitiva y beoda de Yeltsin, la esencial y de texano hortera de Bush o la imagen petrolera entre Brando y J.R. de Cheney. Su alma perdida de fantoche ha ligado una campaña de ademán chulesco que va desde insultar «gilipollas» a los que no le voten, a llamar «cabaretera de cuarta clase» a la oposición. De su 'consenta' (que usan las personas educadas para pedir permiso), a calificar al candidato opositor de 'tonto útil' o 'desgraciado'. En pocas semanas se ha comparado con Napoleón y Jesucristo sin que nadie se haya sorprendido. Como si el país de Nerón fuese un gran siquiátrico.

¿Triunfará 'El Fantasma' sobre un patético Prodi? Decía Flauvert que la imbecilidad es algo inexpugnable, que nada puede atacarla sin destrozarse contra ella. Todos los que han decidido hacerle frente se han estrellado contra su coraza medieval. En cuanto a su victoria sobre la razón, «no hay necio que no encuentre a otro todavía más necio que lo admire» aventuraba Gellert. Sin embargo, ¿es tan aburrido el candidato de la oposición... ! A veces, creo que si fuera italiano votaría a Prodi, pero saldría a cenar para celebrar su victoria con Berlusconi.



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