El actual director técnico de Valdezcaray, Gonzalo Morrás, quizás sea una de las personas que mejor conoce la estación invernal por haber estado vinculado a ella, de un modo u otro, desde su apertura. Para este hombre que se incorporó a la nómina de la Escuela Española de Esquí un año después de la inauguración oficial, el desarrollo de Valdezcaray pasa por potenciar lo que tiene, por buscar toda la zona esquiable de su vertiente actual y, en definitiva, «por estudiar la conveniencia de ampliar su área», precisa.
Sáez Torre, que fue compañero de Morrás en la inicial Escuela, considera «un lujo» disponer hoy de una estación como ésta, que cuenta con lo medios mecánicos más modernos, a tan sólo una hora de casa. ¿«Qué le falta»?», se pregunta. «Pues sin duda una zona de guardería infantil, especialmente acotada para esos niños de cuatro o cinco años», se responde a sí mismo.
Ambos recuerdan cómo en aquellos primeros años de Valdezcaray el esquiador debía pagar 15 pesetas cada vez que utilizaba un telesquí, si bien existía una segunda opción que consistía en abonar 200 pesetas por lo que hoy se entiende como 'forfait' o bono de día.
El primer supuesto implicaba una serie de incomodidades como quitarse el guante, meterse la mano al bolsillo y entregar al encargado el precio establecido por el arrastre, todo ello con el agravante del frío y las prisas y con el riesgo añadido de que las monedas se cayeran y quedaran enterradas en la nieve. «Algo que sucedía con cierta frecuencia», recuerda Sáez Torre, «y que nos llevaba los lunes a 'explorar' la zona con un resultado casi siempre positivo: unos buenos duros para un buen vermú».
Y aunque sorprenda, Valdezcaray fue la primera estación de España que dispuso de extracción de nieve artificial, aunque mediante un sistema rústico. Un compresor de obra encima de un camión y una manguera de agua metida en el río permitió fabricar esa nieve artificial, un tanto testimonial. El mentor de este proyecto fue quien por aquellas fechas regentaba la pista de hielo de Vitoria.