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Domingo, 9 de abril de 2006
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VIZCAYA
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más difícil todavía
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Sigo contándoles mis impresiones de viajero y de veraneante canario y esta vez voy a referirles la anécdota que me ocurrió en el viaje de vuelta (en avión por supuesto) y de la cual he sacado la conclusión de que lo más difícil de contar que hay en este mundo son los viajeros que están sentados en las butacas de un avión comercial.

He comentado aquí en más de una ocasión mi asombro por los especialistas en contar lo que sea. Nunca me he explicado, por ejemplo, cómo los astrólogos han contado los 70.000 trillones estrellas del firmamento. O cómo se consiguen contar los huevos que se consumen en el mundo y saber que son 250.000 millones anuales. O cómo se ha logrado contar los 4.000 millones de células venenosas que tienen las medusas. O los diez millones de gorriones que hay en el mundo. O, sin ir tan lejos, cómo consiguieron contar los 5.495.736 visitantes de las playas vizcaínas durante el verano de 1999.

Para mí, esas hazañas habían sido hasta ahora las más inverosímiles. Yo pensaba que ya no existía nada más difícil de contar, pero lo hay. Mucho más difícil que contar gorriones, huevos o estrellas es, a pesar de que parezca fácil, contar los viajeros que están sentados en un avión.

Me ocurrió en el viaje de vuelta de Las Palmas a Bilbao, y he de hacer constar que el avión no era de Iberia. Estábamos ya sentados y listos para partir, cuando de pronto se descubrió que el personal de tierra había expedido un bono más de los que cabían en el avión y era necesario hacer un recuento. Y para hacer el recuento, era necesario saber cuántos viajeros estábamos dentro del aparato. Y allí se organizó el lío.

Yo pensaba que hacer esa cuenta tenía que ser fácil. Bastaba desde mi modesto punto de vista con recorrer el pasillo contándonos fila por fila y al final del recorrido obtener la cuenta redonda y exacta, teniendo en cuenta que todos estábamos quietecitos en nuestros asientos.

La cosa sin embargo era mas difícil de lo que suponíamos todos porque acabo siendo una divertida operación. Deo volente mañana se la cuento porque hoy se me acabo el espacio disponible.



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