Los vizcaínos siempre han mostrado una gran afición por el mundo del motor. Y, especialmente, por las dos ruedas. Los amantes de la velocidad aseguran que sobre una moto la sensación de libertad es «absoluta e irrepetible» y que los moteros conforman una «familia» muy bien avenida. «Vayas donde vayas, siempre encuentras a un motero dispuesto a ayudarte», asegura Pedro Tenadillo. Vecino de Orduña y mecánico de profesión, se confiesa un amante de las motocicletas, afición que han heredado sus dos hijos, Iñaki y Xabier, pilotos de motocross. Él también lo fue, allá por los setenta.
Con la colaboración de la asociación 'Moto Clásica' de Amurrio, Tenadillo ha organizado una exposición sobre motos antiguas en la Casa de Cultura de Orduña. Una treintena de motocicletas fabricadas entre 1920 y 1970 conforman la muestra, que se inauguró el pasado 1 de abril y que podrá visitarse hasta el próximo día 17.
La mayoría de los vehículos han sido cedidos por 'Moto Clásica', auténticas reliquias entre las que figuran 'Vespas', 'Ducatis' e incluso varias 'Lubes', la única marca que contó con una fábrica en Vizcaya, concretamente en Lutxana.
El mimo con el que han sido cuidadas y una restauración a conciencia ha permitido a estos vehículos envejecer con tranquilidad. «Están como si hubieran salido hoy mismo de la cadena de montaje», se felicita Tenadillo, quien ha dedicado a la organización de la muestra más de un año de arduo trabajo. «Cuando te gusta, ya no sabes vivir sin ello», argumenta.
Bicicleta con motor
Las «joyas» del motor que se exponen estos días en Orduña han atraído a centenares de curiosos y aficionados. «Yo tenía una como ésa», murmuraba un hombre mientras examinaba con detalle uno de los modelos más antiguos. Muchas miradas se tornan hacia una motocicleta de fabricación francesa de 1919, la favorita de Tenadillo. «Es una verdadera maravilla. Entonces no existía la electricidad, así que el faro es de carburo. Es poco más que una bicicleta con motor», explica.
Fotografías y carteles de los triunfos conseguidos en el pasado por pilotos vascos, como José Ángel Mendibil, que en la década de los setenta logró cinco campeonatos nacionales, completan la muestra. «Por aquella época, en Vizcaya había pruebas internacionales. Una se disputó en Deusto y vinieron deportistas de todas las partes del mundo», recuerda, no sin nostalgia, Pedro Tenadillo, quien lamenta que «se haya perdido ese espíritu». En la actualidad, critican los aficionados al motor, «Vizcaya carece de circuitos donde poder entrenar. Nos encantaría organizar aquí más carreras, pero por desgracia nos ponen muchas trabas», lamenta Iñaki Tenadillo.