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EN LA DISTANCIA CORTA
Idoa García (Escocia) La verdad es que no se por dónde comenzar a contaros
Llegué a Edimburgo hace ya un mes y me cautivó desde el primer momento. Es una ciudad con encanto, cuya historia emana por cada calle. Sin embargo, Escocia tiene cosas buenas y otras no tan buenas. Por ejemplo: esto del horario europeo a mí no me acaba de convencer. Al llegar, me comentaron que tendría un horario de trabajo de diez de la mañana a cuatro de la tarde. Lo cual, a primera vista, no estaba nada mal. Pero es que las tiendas cierran a las cinco y media de la tarde y las cafeterías a las seis, así que tampoco me queda mucho para disfrutar del ambiente local. La gente vuelve pronto a casa para hacer vida familiar. Realmente, una vez que has vivido en Bilbao, se hace difícil cambiar. Dar un paseo junto al Guggenheim o echar un vistazo hasta las tantas por la Gran Vía no lo cambio por nada. ¡Y qué deciros de la fiesta! Aquí todo está bastante caro, así que a los que venimos de fuera no nos llega ni para empezar a decir un par de tonterías. Eso sí, el ambiente no es malo y muchas madres estarían contentas de que este horario funcionase ahí porque no hay ningún sitio que quede abierto después de las tres de la madrugada. Por lo demás, estoy disfrutando de los paisajes, la diversidad cultural y la facilidad para hacer nuevas amistades. En verano, regresaré, así que, de momento, aprovecharé una gran ciudad que todavía tiene mucho por descubrir.
Aiala Olabarri (Italia) Vivo en Florencia desde hace sólo un mes, pero ya me he dado cuenta de que esto no es Bilbao. La ciudad es preciosa. Sus calles son un auténtico museo al aire libre y, si te paras un rato en silencio, parece que te hablan. Es fácil encontrarse a artistas vagabundos pintando en las aceras en busca de alguna moneda. Si pudiéramos comer la ciudad, sabría a viejo. En cambio, Bilbao, a pesar de sus más de 700 años, sería como uno de esos postres de Ferrán Adriá. O de Berasategui
Hay que hacer patria, ¿no? De hecho, si la miramos desde Artxanda, Bilbao es la maqueta de un gran arquitecto en espera de su presentación al público. Casi perfecta, reluciente. Florencia no tiene nada que ver. Desde el cielo es un gurruño de calles estrechas. En Florencia, importa mucho el ojo. Y no sólo para captar sus detalles. Es que esta ciudad es, también, una gran cuna de pillastres. Si te descuidas, puedes acabar sin un euro y ¡sin darte cuenta! La picaresca aquí es el deporte nacional
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