Después de un jueves de pasión con un partido que nos dejó muy enteros nos venían los de la Alhambra jugando en el alambre. Los nuestros, pensando en el 'Pana' y los andaluces, en no haber venido 'paná'. Todos con la idea de otro día de pana y con la intención de no pasar un domingo sin pena ni gloria.
Primera estación
Desde el inicio, al monte de los olmillos ni los rezos le salvaban. Los discípulos, cuatro pequeños y uno grande, no le hacían mucho caso. Sólo Borchardt decía 'aparta de mí ese cáliz'. Los sumos sacerdotes del TAU, Splitter y Hansen, con su avaricia mantenían cómodamente a su equipo.
La ausencia de los titulares fue como el Beso de Judas. Delató a nuestro banquillo -ayer también poco utilizado- y resucitó a unos granadinos con 'brocha'. Valdeolmillos se frotaba las manos como Poncio Pilatos. El juego era una cruz; los discípulos vitorianos, adormilados y las mujeres lloraban como Magdalenas por lo visto.
Segunda estación
En el Baskonia todos comenzaban a ser el ladrón bueno y las pérdidas, una corona de espinas para los del Granada. Los aros se les oscurecieron, el TAU encontró entonces a David y los andaluces caían sin levantarse y sin Ordín Barrabés. El Baskonia y el público, pensando en el tercer día y el partido, una auténtica vinagre que por suerte expiró.
Final del calvario
En Domingo de Ramos padecimos el Vía Crucis de un partido romo y más después de la canela en rama del pasado jueves con el Panathinaikos y con todos pensando en el cristo que nos esperará en el OAKA de Atenas.