El Alavés se quedó ayer sin red y, por la cuerda floja, camina ya en arriesgadísimo equilibrio hacia seis jornadas finales que apuntan a la angustia. Si una semana atrás dio por bueno el empate ante un pobre Athletic, ayer se estrelló frente a Osasuna, al que bastaron unos gramos de oficio y temple para aprovechar los regalos a balón parado y la indolencia albiazul hasta el tramo final para catapultarse hacia la 'Champions'. El colchón adquirido en el impetuoso inicio de la segunda vuelta ha perdido lana y la doble confrontación en Mendizorroza, lejos de mullir el futuro, deja a los alavesistas con la espalda sobre un duro somier.
Después de casi cinco partidos completos sin encajar un gol, el Alavés se dejó la concentración y la intensidad en el vestuario. Tal fue su mayor pecado, esa actitud contemplativa que Osasuna, uno de los equipos más sólidos y rocosos del campeonato, se negó a absolver. La paternidad de Bodipo dejó huérfano el ataque albiazul, aunque el partido se escurrió por el sumidero defensivo. Más bien por la vía de la primera vuelta. Es decir, regalo vitoriano -en un rechace que Webó y Milosevic se encontraron a dos metros de la portería-, escasa llegada y menor definición ante un adversario que tomaba cuerpo de depredador. Con las uñas afiladas para rasgar a la menor oportunidad la débil piel albiazul.
Incómodo e indolente
Sin la agresividad y velocidad de Bodipo, que se complementa a la perfección con Aloisi, el Alavés volvió al dibujo 4-2-3-1 con la entrada de Jandro como enganche. Más allá de la actuación del asturiano -irregular, pero con un balón de gol que Nene envió al limbo- el cuadro vitoriano se sintió incómodo. Apenas logró combinar y sacar un par de contragolpes ante un rival que se aplicó en secar a De Lucas -también el catalán ayudó- y Nene, las fuentes creativas.
En realidad el Alavés sólo despertó en los quince minutos finales, cuando las circunstancias le habían superado. Incluidas las arbitrales, que también guardaron relación con lo sucedido en la primera vuelta. Ayza Gámez se tragó un claro penalti sobre Aloisi con el 0-1, anuló un gol legal de Blago y concedió después uno más que dudoso de Bodipo. Claro que el duelo se fue por otras razones. Otro despiste múltiple e incomprensible en el área con remate de Milosevic para el 0-2 y el penalti que marró Aloisi cuando Rubén Navarro avivó el ritmo del partido y forzó la expulsión de Flaño.
Entretanto, el Alavés había amenazado ruina y rendición. Sin el menor empuje ante un Osasuna que tiraba de David López y Milosevic, otra vez excelente, para someter a los albiazules a través de la combinación. Se imponían Puñal y Raúl García en el centro del campo y las bandas continuaban vedadas para extremos y laterales alavesistas.
Reacción con Navarro
La entrada de Rubén Navarro, al menos, ofreció otra perspectiva al partido hasta rescatar a los albiazules de un exagerado letargo. Cuando al fin compareció Bodipo -otra vez tardía la reacción del banquillo- al menos se atisbó lo que debía ser. Es decir, un equipo encorajinado que encerraba al adversario a base de puro empuje, con ocasiones variadas y el gol final. Hasta entonces, nada de nada. Impotencia. Demasiados minutos desperdiciados.
Seis de descuento -más de siete en realidad- tampoco bastaron para reconstruir el edificio alavesista. Trató de buscar la redención el cuadro local, pero Osasuna tiró de oficio para neutralizar el ritmo y buscó el banderín de córner en cada contragolpe. Un recuerdo de que hasta entonces había sido más sobre el césped y no iba a permitir la insurrección.
Y así, entre lamentos, languideció un partido que condena al Alavés a cadena perpetua hasta el final de la competición.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com