El 52% de los 47 millones de italianos llamados a las urnas votaron ayer, según los últimos datos facilitados a las 19.00 horas, y el resto lo pueden hacer hoy hasta las tres de la tarde. Es un porcentaje inferior al de las anteriores elecciones de 2001, que registraron un 59% de afluencia, pero no quiere decir nada porque en aquella ocasión se votaba en un solo día. Según el primer ministro, Silvio Berlusconi, cuanta más gente vote, más posibilidades tiene de ser reelegido, pero habrá que esperar hasta hoy para saberlo. En 2001 votó el 81% y desde hace 30 años la participación disminuye implacablemente. Gracias al intervalo de esta noche, las firmas de sondeos tienen más tiempo para elaborar sus pronósticos y es probable que hoy a las tres, cuando se les permita publicar sus previsiones, éstas tengan una alta fiabilidad. También se espera que los resultados oficiales se vayan conociendo con mayor rapidez que otros años, porque el nuevo sistema electoral facilita el recuento. Hacia las ocho de la tarde, si no hay problemas, debería estar todo bastante claro.
La primera jornada electoral dio, como siempre en Italia, mucho juego de anécdotas. Como decía ayer la viñeta de un humorista, más que jornada de reflexión, la víspera de las elecciones pareció un toque de queda. El primer día de silencio tras una campaña ruidosa y virulenta fue un bálsamo para los ciudadanos, hastiados de políticos, pero ayer Berlusconi no pudo evitar decir la última palabra. Los lectores de 'La Gazzetta dello Sport', el diario más vendido de Italia y periódico deportivo por excelencia, encontraron en el interior una enorme fotografía que mostraba a Berlusconi eufórico, aupado por los jugadores del Milan, con la Copa de Europa. «El Milan y Berlusconi: 20 años de una historia de éxitos», decía el título de la publicidad. Y seguía un texto: «Era 1986 cuando Berlusconi inflamó los ánimos de todos los 'rossoneri' hablando de un proyecto ambicioso que en estos 20 años se ha hecho realidad. Gracias presidente». La oposición protestó, claro. Aunque parezca infantil no es la primera vez que lo hace, son las cosas de Berlusconi.
Camisetas y crucifijos
Este fue el golpe de efecto matinal, porque 'il Cavaliere' ofreció otro vespertino cuando se presentó a votar con su madre, imagen ritual que, después de tocar el instinto del fútbol, conecta con el sentido familiar italiano. Rodeado de cámaras en su colegio de Milán, le dijo mientras le entregaba las papeletas: «Bueno 'mamma', recuerda que ahora tienes que marcar la casilla de Forza Italia». Entre las risas de los prensa, uno de los miembros de la mesa le llamó la atención, porque no se pueden hacer indicaciones de voto en los colegios. «¿Ni siquiera a la madre? Sois la Italia que no tiene cariño», replicó el magnate medio en broma medio en serio. Todo calculado. Prodi, como el resto de políticos, votó de la forma rutinaria que se supone a estas jornadas. Es decir, Berlusconi logró llevarse de nuevo el protagonismo.
Del otro bando, varias personas se presentaron a votar con camisetas que decían «Sono un coglione», en referencia al famoso insulto de 'il Cavaliere', lo que a estas alturas de delirio electoral podía interpretarse como publicidad no autorizada para el centro-izquierda. Fueron más polémicos los tres casos de personas que reclamaron quitar el crucifijo de la pared en sus colegios. Uno se negó a votar si no era retirado (al final no votó), otro consiguió que le hicieran caso y en un tercer colegio, fue el propio presidente quien lo quitó.