Lleva más de dos décadas como miembro destacado de Gesto por la Paz y por primera vez ve cercano el fin de esta organización pacifista. Convencido de que el camino abierto no tiene retorno, Jesús Herrero considera fundamental que la sociedad efectúe actos de reconciliación con las víctimas, las integre, y tenga «siempre en memoria» lo ocurrido en cuatro décadas de terrorismo.
-¿El alto el fuego será definitivo?
-Por una parte, hay más optimismo y sensación de que éste es el inicio del final definitivo; y, por otra, debe mantenerse la cautela.
-Vislumbra el final de Gesto.
-Hemos repetido muchas veces que nuestro objetivo ha sido siempre desaparecer. Ante las nuevas situaciones y los hechos que se produzcan, valoraremos cuál es nuestra aportación, teniendo presentes todas las posibilidades. Nada nos gustaría más que desaparecer, si no somos necesarios.
-¿Cuál es la función de su organización a partir de ahora?
-Ser un observador de los acontecimientos. Hay una serie de cuestiones importantes ante las que vamos a estar alerta, como el que se demuestre que hay una ausencia de violencia en todas sus expresiones. No es aceptable ningún tipo de amenaza ni extorsión.
-¿Y alguna cuestión más?
-Hay dos principios fundamentales tras el alto el fuego: insistir en la memoria hacia las víctimas y en la deslegitimación de la violencia. Que se reconozca que el uso de la violencia no ha tenido ningún sentido y que es ética y políticamente reprobable. En torno a la memoria, esto no se puede cerrar en falso como si nada hubiera ocurrido.
-¿Qué debe hacerse?
-Es necesario un proceso, liderado por las instituciones, de reconocimiento a las víctimas. Hay un déficit que se debe paliar, con actuaciones y gestos que favorezcan el reconocimiento a las víctimas y que ellas mismas lo sientan así.
-¿Cuáles serían esos gestos?
-La parte sencilla es la de las ayudas materiales. Lo difícil es alcanzar una solidaridad activa y un acogimiento de las víctimas. Es un ejercicio del día a día en el que todos debemos esforzarnos.
-¿Por ejemplo?
-Tienen que estar integradas y realizarse ejercicios de discriminación positiva hacia ellos. A las víctimas se les puede pedir poco. Es la sociedad la que debe actuar. Ahora se plantea que las víctimas deben hacer cosas y ceder en determinadas cuestiones. No estamos de acuerdo.
-¿Y cuál es ahora el papel de las víctimas?
-Son un referente al que escuchar. Eso va unido a tener memoria de lo que ha ocurrido. El primer paso debe ser el de la reconciliación de la sociedad con las víctimas, y no tanto el proceso del que se habla entre las víctimas y el victimario. Eso es ir demasiado rápido.
-¿Debe ETA pedir perdón?
-Es una exigencia deseable. La primera exigencia es que desaparezca. Si se da ese reconocimiento del daño causado sería una gran aportación, aunque lo veo difícil. Quizá sí en casos particulares. Sería importante para la convivencia esa deslegitimación de la violencia y que se dijera que lo que ha pasado no ha tenido sentido y que ahora ETA quiere participar dentro de unas premisas nuevas, las de la democracia.
Convivencia tranquila
-¿Habrá vencedores y vencidos?
-Hay que intentar desmontar ese debate. Es necesario reconocer que los vencidos son las víctimas. Lo contrario es una injusticia. Las víctimas son quienes han tenido una pérdida irreparable. Quien tiene que vencer es la sociedad, que tiene que acoger a las víctimas. La sociedad debe asumir que los ataques contra las víctimas no iban destinados sólo a ellas, sino a la sociedad en su conjunto.
-¿Queda mucho odio aún?
-Habrá ciertas actitudes, pero no un sentimiento generalizado. A las víctimas, hay que agradecerles esa vacuna que nos han inyectado de no exigir venganza.
-¿Conseguir la convivencia tranquila entre diferentes será más difícil que la paz?
-Son dos cuestiones diferentes. El fin del terrorismo es responsabilidad de ETA. La recuperación de la convivencia es cosa de toda la sociedad. Creo que la sociedad sí está preparada para recuperar esa convivencia con normalidad.
-¿Qué ha cambiado para que ahora pueda prosperar la paz?
-No se puede buscar un único argumento. Destacaría la reacción cada vez más mayoritaria de la sociedad vasca ante la violencia. Y, además, un contexto internacional de mayor rechazo al terrorismo, tras el 11-S y el 11-M.
-¿La sociedad soportaría una nueva decepción?
-No nos imaginamos que se pueda volver a empezar de nuevo. Sería un gran mazazo.
-¿Cuánto han tenido de influencia los movimientos sociales en esta decisión de ETA?
-Para Gesto, lo importante era producir una reacción en la sociedad, y nos sentimos satisfechos en la medida en que lo hayamos logrado.
-¿Cómo se debe gestionar este momento?
-Lo primero, con prudencia. Y, luego, con la unidad entre fuerzas políticas. También debe separarse el problema de la violencia de la cuestión política, que después se deberá abordar con serenidad y normalidad.
-¿El Gobierno debe dar a conocer los detalles de las conversaciones?
-Quizá no es necesario, pero sí es fundamental que se mantengan unos principios, como no otorgar concesiones políticas.
-¿Le ha sorprendido la reacción de algún partido tras el alto el fuego?
-Estamos favorablemente sorprendidos por el clima positivo. La unidad entre las fuerzas políticas y la recuperación del diálogo entre instituciones es fundamental.
-¿Temen que retorne la crispación en cuanto se pase por dificultades?
-Espero que no sea así. Cada vez que avancemos más en esta situación será mucho más difícil volver a la anterior.