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Lunes, 10 de abril de 2006
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Campanario
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Lo peor que le puede pasar a un 'famoso' es caer mal a la gente que hace la 'telerrosa'. Si eres un pinta, pero simpático y 'enrollao', la tele te será proclive. Si, por el contrario, no gozas de predicamento en la caja de luz, ya puedes ser la encarnación misma del bien, que nadie te salvará de las dentelladas. María José Campanario, señora de Ubrique Jesulín, no debe de ser la encarnación de nada, pero sí pertenece a esa nómina de víctimas de la tele viperina. Yo no sé de esta señora más que su simple existencia, pero siempre me ha inspirado una suerte de compasión ambigua la manera en que la tratan los jueces del 'cotilleovisión'.

Mas he aquí que la Benemérita detenía la otra tarde a la señora de Ubrique Jesulín por un asunto de ponme allí esas pensiones, y las mandíbulas de la 'telerrosa' se abatían sobre ella como depredador sobre corderillo. 'Salsa rosa', que esa misma noche tenía programa, no perdió la oportunidad de entrar en el asunto. Que la Guardia Civil se lleve a la Campanario, como en una estampa del XIX, es noticia. Como, además, es un personaje popular del llamado 'corazón', es oportuno que la prensa del ramo se haga eco. Lo que ya pareció un poco menos apropiado es que los eminentes expertos del programa acometieran un detallado debate sobre el caso. Porque ante un suceso así no hay, en realidad, gran cosa que debatir.

¿Conocía 'Salsa rosa' el texto de la orden de detención? No. ¿Conocía el alcance real de la acusación sobre esa señora? Tampoco. Entonces, ¿de qué hablar? De la señora, claro. Y ahí tuvimos al tribunal popular dividido en dos alas, como es de ley: una, la de la acusación, aprovechó la noticia para despellejar a la protagonista; la otra, la defensa, cantó himnos a la presunción de inocencia con un énfasis que, en un programa así, resultó ridículo. Y ahora preguntemos: ¿Qué conclusión sacaría el espectador que, simplemente, quisiera informarse? Es llamativo, y preocupante, ver hasta qué punto la 'telerrosa' cambia la percepción objetiva de la realidad.

Lo grave del asunto de Marbella, por ejemplo, no es que allí vivan famosos, sino que ha quedado expuesta una trama de corrupción institucionalizada, o sea con culpa de las instituciones, y eso es lo que debería pesar más en la valoración del suceso. Del mismo modo, lo grave de ese asunto de Jerez no es que la Campanario ande por medio, sino que ha quedado al aire una red de fraude a cuenta de las pensiones, red que toca muy de cerca al Ayuntamiento de Jerez, a su alcalde de manera lateral y a un ex jefe de la Policía de manera directa. Se objetará que esto no es materia de la televisión rosa. Exactamente. Pero ese es el problema: la materia. Es la menos importante de la actualidad, pero es la que más presencia tiene en pantalla.



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