Richard Donner vuelve a las andadas con '16 calles', un 'thriller' vibrante a la vieja usanza. El autor de 'Arma letal', 'Lady Halcón' y 'Los Goonies', entre otros clásicos de los ochenta, recupera el cine de acción que triunfaba a finales del pasado siglo. El carismático Bruce Willis se mete en la piel de un policía de Nueva York demasiado aficionado al alcohol envuelto en una situación límite. Un rol que le viene que ni pintado al protagonista de 'La jungla de cristal', que vuelve a demostrar sus indudables cualidades para enfundarse el traje de perdedor y antihéroe, un individuo decadente que debe redimirse antes de que acabe el trepidante relato, afrontando una buena causa y jugándose el pellejo.
Donner se sintió atraído por la idea de desarrollar una historia en tiempo real. Así, el detective Jack Mosley (Willis), sumido en la depresión, con el corazón emponzoñado de whisky, da un volantazo en su existencia gracias a una misión aparentemente sencilla recibida a las ocho horas y dos minutos de la mañana: trasladar al delincuente Eddie Bunker (Mos Def) a un juzgado situado a 16 calles de distancia.
Tiene 108 minutos. Ni uno más. Al atravesar Nueva York en hora punta, no se da cuenta de que le sigue una furgoneta. Comienza una persecución infernal. Un viaje al centro de la ciudad, aparentemente sencillo, se convierte en una pesadilla, en una lucha contra el tiempo y una jauría de agente corruptos con cara de pocos amigos.
'16 calles' echa mano de una trama relativamente simple para retratar la historia de dos hombres que cambian irremediablemente al enfrentarse a la muerte. «Jack se esconde de sí mismo», afirma Willis. «Era un buen policía que se cargó a unos cuantos chicos malos. Pero ahora está intentando silenciar ese angustiante sentimiento de su conciencia que le dice 'hiciste algo malo'».
Sin malos
El atormentado agente infringió normas sin escrúpulos para combatir contra los criminales de la ciudad, pero ahora se arrepiente de sus irracionales actos y cuenta con una nueva oportunidad para demostrar su cambio de mentalidad. «Bruce le da una gran profundidad al personaje», apunta el director de 'Superman'. «Puedes sentir el dolor de un hombre que ha suprimido algo, alguien que sigue empujando su vida al fondo de una botella».
El actor se dejó barriga, ojeras y mantuvo su calva para meterse en el papel. Hasta se puso una piedra en su zapato derecho para acentuar la cojera del policía y pasó un par de noches patrullando Brooklyn junto a un detective con 22 años de experiencia.
«Para que un guión me llame la atención tiene que tratar sobre los personajes y contar visualmente una gran historia», continúa un recuperado Willis. «Siempre he querido trabajar con Donner. En esta película es difícil decir quién es el malo, porque te sitúa en todos los puntos de vista. Esto, sumado a que la historia se cuenta en tiempo real, permite al espectador participar en la película a medida que los personajes la van viviendo».
En definitiva, un regreso al cine de acción con empaque: al margen de entretener con imágenes impactantes, perfila personajes al filo y bucea en comportamientos extremos.