Imanol Arias vive hoy una experiencia religiosa y diferente. Los mensajes de Jesús mientras agoniza en la cruz volverán a sonar a través de la voz del actor vasco, que pone el broche final a la tercera edición del festival de música sacra Bilbao Ars Sacrum (BAS). Un recital de la obra 'Siete palabras', de la compositora Sofía Gubaidulina, pero adaptado por la escritora Rosa Regás, que «lo humaniza y lo trae hasta hoy». Todo ello acompañado por el concierto 'Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz', de Haydn. «No hay que ser creyente para hacerlo creíble, sólo ser sensible al mensaje», confiesa el actor.
En México, donde ha pasado unos días de «descanso», ha tenido tiempo para preparar este reto que supone «oscurecerse y esconderse detrás de una voz». Algo que le llevó a plantearse aparecer con un traje blanco «por lo de la sábana blanca, pero me daba demasiada corporeidad». Así que si había que llevar esmoquin, al igual que los músicos, al menos tenía que ser uno muy especial, como el «que llevo siempre a los Goya».
Lo que no ha necesitado para llevar a cabo este trabajo es la creencia religiosa. «Hay gente que piensa que la fe es un eslabón superior y yo no la tengo en el sentido exacto de la palabra». No es un rechazo a la simbología, porque Arias no se define como «antirreligioso»; simplemente, «no me interesa la intolerancia». «Uno se desvincula del culto que hereda porque no se acerca a ti. Yo me he desvinculado del hecho de ser católico por lo que supone; no acoge de la forma que yo entiendo los valores que a mí me sirven».
Joven monaguillo
La Semana Santa es para Arias una época para relajarse y no la vive con fervor. Y si puede salir a ver las traineras, mucho mejor que una procesión. «Aunque paso mucho tiempo en el sur, nunca he conectado con el aspecto mariano y el Rocío». Y eso no significa que no se emocione al ver un Buda o sea menos espiritual. De hecho, durante varios años en su adolescencia pasó bastante tiempo rodeado de sacerdotes.
«Fui monaguillo hasta los 14 años», dice con una sonrisa. La forma en la que dos párrocos de Ermua oficiaban la misa le interesó. Además, «luego empezó a darse alguna situación teatral, ya que estaba frente a los oyentes, mi campanilla tenía que sonar...».
Sobre la posibilidad de representar a Cristo en el cine o el teatro, lo tiene claro. «No me atrae tanto la idea de hacer de él como de conocerle porque hay algo en su mensaje, quitando la fábula, que tiene que ver con lo que encuentro en la vida».
La intolerancia, la globalización, el miedo, el deseo del éxito, la muerte...cobran valor en este evento religioso tras la voz del actor vasco y la música sacra. «No sólo me quedo con la lectura católica, el ser humano es más complejo».