La legendaria Constantinopla es el marco donde tienen lugar las picarescas peripecias de 'Tirante el Blanco', nueva película histórica del máximo responsable de 'Carmen', respaldada por un generoso presupuesto -al menos por lo que respecta a la media del cine español- y tan fácil de ver como de olvidar. Lo primero que llama la atención en este nuevo esfuerzo creativo del polémico adaptador de 'La pasión turca' es su insistencia por mostrar los galanteos propios de la suntuosa corte donde se enmarca la historia, en detrimento de los aspectos puramente épicos, resueltos a base de dos batallas, plasmadas mediante un irritante uso de la cámara al ralentí.
Es la vertiente intimista lo más potable de 'Tirante el Blanco', centrada en los continuos escarceos amorosos, en la ambigua sensualidad que desprenden las mujeres de la corte, incluidas la princesa Carmesina (Esther Nubiola), Placerdemivida (Leonor Watling), Estefanía (Ingrid Rubio), la Viuda Reposada (Victoria Abril) e incluso la mismísima Emperatriz (Jane Asher), locamente enamorada del joven Hipólito.
El resto es una monótona sucesión de escenas lujosas, por las que deambula un inexpresivo Tirante, encarnado sin garra por el blando actor británico Caspar Zafer. En un determinado momento, éste llega a exclamar: «¿Yo amo, pero no sé si soy amado!». Sin embargo, el soso comediante no transmite emoción alguna, a la deriva entre tantos descafeinados secretos de alcoba. En fin, ya se sabe que 'a batallas de amor, campo de plumas'.