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Miércoles, 12 de abril de 2006
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Capitales golondrinos
Capitales golondrinos
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En las últimas semanas hemos leído todo tipo de opiniones, vertidas desde distintos ámbitos, todas con el denominador común de crítica hacia la persona de Dmitry Piterman, más allá de su figura presidencial.

Llama la atención la coincidencia de opiniones, aun cuando provengan de distintas ópticas y sensibilidades. Incluso las instituciones alavesas no disimulan su predisposición para apoyar iniciativas populares, conducentes a encontrar una salida a esta situación. En la política son muy importantes los gestos y, por ello, me alegra saber que tanto Ayuntamiento como Diputación tienen cierto 'sentimiento albiazul'.

En el verano de 1985 el Alavés estuvo a punto de desaparecer por denunciar sus jugadores ante la AFE deudas por 30 millones de pesetas. El entonces lehendakari Ardanza (de grato recuerdo por su actuación) posibilitó un acuerdo institucional que lo evitó. En 1986 la situación se repitió y las instituciones dijeron que llovía sobre mojado. Nadie puso 25 millones de pesetas y el Alavés fue castigado por moroso con el descenso a Tercera y, además, obligado al pago de dicha deuda, financiado fundamentalmente con el convenio con el Athletic.

Creo que fue en 1995 cuando se votó en asamblea la transformación del Deportivo Alavés como Sociedad Anónima Deportiva. La propuesta se aprobó por mayoría prácticamente absoluta. Recuerdo mi intervención, previa a la votación, manifestando mi posición contraria a ser SAD, argumentando que esta nueva forma jurídica posibilitaría entregar el club a intereses económicos, los llamados 'capitales golondrinos' (hoy aquí, mañana quien sabe).

A partir de ese momento, el Alavés se 'desocializó' (el socio se convirtió en simple abonado), con el riesgo evidente de convertir al club en un instrumento al servicio de todo tipo de intereses.

Se podrá alegar que este modelo de SAD se ha implantado en otras ciudades, logrando una cierta 'universalización' del accionariado. Tengo mis dudas sobre su éxito en el largo plazo y creo que con el tiempo los clubes están cada vez más en poder de personas que no representan el sentir de la afición.

El argumentario de convertirse en sociedad anónima se basaba en responsabilizar la gestión de los directivos, eliminar zozobras económicas, insolvencias y demás vicisitudes. Lo que algunos no contaban era con el 'despotismo económico', que mediante un simple contrato compra un club que forma parte de nuestro patrimonio cultural. Quizás podamos aplicar aquello de si 'el remedio es peor que la enfermedad'. Sigo preguntándome por los motivos que le impulsaron al señor Piterman a comprar.

Menos mal que, al menos de momento, no existe la posibilidad de 'deslocalizar' el club, vendiendo sus derechos federativos a un capitalista de otra ciudad. No obstante, habiendo dinero en juego, no nos debe extrañar si un día nos despertamos conociendo el interés de algunos clubes en que se estudie su implantación.

Se suele decir que desconocer la historia propicia reincidir en los mismos errores. Se evidencia un movimiento social que clama un cambio de situación. En mi opinión, además del imprescindible respaldo social e institucional, la situación requiere sensibilizar a ciertas personas 'no golondrinas', capaces por sí mismas de enderezar la grave situación actual. Me consta que existen y las tenemos no muy lejos. A ellos les animo a tomar iniciativas. La historia lo agradecerá y los presentes también.



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