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Miércoles, 12 de abril de 2006
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ANÁLISIS
La gestión del caos
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En la gestión empresarial se manejan ideas que provienen de esa parte de las matemáticas denominada 'Teoría del caos'. Ya saben: el aleteo de una mariposa en Hong Kong genera una serie de flujos en el aire, que pueden acabar provocando un ciclón en el Caribe. También se aplica en psicología social, y en el estudio de los más diversos grupos. Podría hacerse en los equipos de fútbol.

Las sociedades humanas sobreviven en desorganización perpetua. No es posible congelarlas como si fueran imágenes fotográficas idílicas, porque nunca se están quietas. Lo más inteligente es aprender a navegar en el movimiento permanente de flujos con direcciones diversas. El objetivo de la gestión del caos es «integrar las turbulencias», tomar las decisiones adecuadas, con buena cintura, en situaciones sucesivamente complejas. Se deben aceptar como naturales las incertidumbres. El caos está en la esencia más recóndita de las cosas, pero puede gestionarse convenientemente.

En un equipo de fútbol, los jugadores no son de madera ni se mueven al unísono por líneas, ensartados en barras metálicas como en los futbolines. Las cosas no siempre resultan como se pensaba, y a veces hay que modificar las posiciones iniciales y los cometidos, en función de las circunstancias. Contra el Mallorca, el equipo inicial fue similar al esperado por los aficionados, salvo Llorente como titular, tal vez con la misión de desgastar a los centrales del equipo contrario para la posterior salida de Urzaiz. Sin embargo, los cambios fueron seguramente diferentes de los previstos, condicionados por las lesiones. Pudimos ganar, porque el portero del Mallorca hizo al menos tres buenas paradas, pero también perder si el árbitro, impresionado por la brutalidad del choque entre Lafuente y Gurpegui, no hubiera pitado una misteriosa falta. Pisculichi, el autor del posterior gol anulado, aceptó la sanción sin rechistar. Seguramente se había sentido abrumado por el regalo y su propia e instintiva falta de caballerosidad.

Se gestionó el caos razonablemente, y las cosas no salieron del todo mal porque los equipos de la liga de los pequeños no fueron capaces de pasar del empate (y no todos), en una jornada extraña en la que no ganó ningún equipo que jugara como local. Comparativamente, puede decirse que estamos mejor. Queda una jornada menos y mantenemos o hemos incrementado las diferencias.

En los seis partidos anteriores, jugados contra competidores directos, se han obtenido doce puntos y algunos 'goal averages' favorables. Pudo ser mejor, pero es bastante bueno. No parece probable que, en adelante, vayan a darse todas las carambolas adversas a la vez, pero convendría gestionar adecuadamente las variables sobre las que tenemos capacidad de maniobra, sin esperar nada de los demás, cuyas evoluciones es mejor interpretar como si dependieran exclusivamente del azar, y éste pudiera resultar inusitadamente adverso. Quedan otros seis partidos, y no son fáciles: Atlético de Madrid, Valencia, Betis, Zaragoza, Deportivo y Barcelona. Habrá que gestionar convenientemente el caos que nos concierne, aquél en el que estaremos inmersos, de modo que, si a las mariposas les da por aletear a la vez en Sevilla, Santander, Barcelona, Mallorca, Vitoria, San Sebastián, Cádiz y Málaga, los vientos nos cojan al menos con cuarenta o cuarenta y dos puntos, y la casa, por tanto, a prueba de tornados.



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