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Miércoles, 12 de abril de 2006
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ECONOMÍA
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Detenidos tres jóvenes por enriquecerse en Wall Street con información privilegiada
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Creían haber conquistado el mundo y tenían motivos para pensarlo. A los veintipocos años habían amasado una fortuna de 6.700 millones de dólares netos con una vulgar trama de tráfico de influencias en Wall Street. Pero ahora, después de que ayer se anunciase su detención, se enfrentan a una pena de hasta 70 años de prisión.

Los protagonistas de esta historia, que ayer sacudió a dos de las grandes bancos de inversión estadounidenses -Goldman Sachs y Merril Lynch-, son Stanislav Shpigelman, de 23 años, Eugene Plotkins (26) y David Pajcin (29). Este último es un ex-analista de Goldman Sachs, mientras que los dos primeros seguían en la nómina de los gigantes bursátiles. Ninguna de las empresas ha sido implicada por el fiscal general.

Los cerebros eran Plotkins y Pajcin, que convencieron al más joven de los implicados para que les facilitara información privilegiada sobre las fusiones que analizaba para Merril Lynch, previo pago en efectivo y una participación de los beneficios. Su primer 'golpe', que ya llamó la atención del FBI, fue con la fusión de las firmas Adidas y Reebock mediante el simple proceso de comprar acciones antes de que se anunciara la operación y, por tanto, de que su precio se disparara en bolsa. Con una inversión de sólo 130.000 dólares, sacaron un beneficio neto de dos millones. La euforia les animó a pensar a lo grande.

«Bailarinas exóticas'

Su siguiente cómplice fue un simple empleado de una imprenta de Wisconsin, Juan Rentería, que les pasó ejemplares de la revista 'Business Week' antes de que salieran de los talleres. Su nombre se suma al de los tres ladrones de 'cuello blanco' en la lista de detenidos, y se enfrenta a 15 años de prisión.

A las autoridades les costó ocho meses descubrir quién estaba detrás de la tapadera que salió a la luz en al menos seis fusiones, siempre con rápidas y jugosas operaciones de compra y venta, que se extendieron a países europeos como Croacia y Alemania, con trucos cada vez más vulgares, como sobornar a clientes de firmas de inversión bancaria con «bailarinas exóticas», reveló ayer el fiscal Michael Garcia.

«Este caso demuestra que pese a todos los avances en tecnología y seguridad electrónica las empresas siguen siendo tan vulnerables a la infiltración como la gente que emplean», concluyó el fiscal a modo de moraleja.



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