Un atentado con coche bomba acabó ayer con la vida de al menos 48 personas e hirió a más de 50 en la ciudad paquistaní de Karachi, la más importante del sur del país asiático, cuando participaban en una oración pública para conmemorar el aniversario del nacimiento de Mahoma.
El ministro del Interior, Aftab Ahmad Sherpao, aseguró que se creía que el artefacto había sido colocado debajo del estrado desde donde los rezos eran dirigidos por imanes de un movimiento suní, aunque tampoco descartó la participación de un terrorista kamikaze.
El estallido produjo escenas de pánico entre los miles de fieles que habían acudido a la celebración religiosa, que trataron de escapar del lugar por encima de los cuerpos de las víctimas. El caos dificultó el auxilio a los heridos, muchos de ellos en estado crítico, y la retirada de los cadáveres.
Un ataque atípico
Los episodios de violencia religiosa son frecuentes en Pakistán, particularmente entre las comunidades chií -minoritaria- y suní -mayoritaria-, y especialmente en la ciudad meridional de Karachi, centro comercial del país y capital de facto hasta la fundación, a finales de la década de los 60, de Islamabad. Sin embargo, es poco frecuente que el blanco del ataque sea una celebración en honor del profeta. Los reunidos recordaban la fecha en que nació Mahoma, hace catorce siglos, en lo que supone una de las festividades más importantes para la religión islámica.
Fue, además, uno de los atentados más graves que se han producido en Pakistán después del que, en julio de 2003, causó 53 muertos y numerosos heridos por la explosión de una bomba en una mezquita chií en la ciudad de Quetta, muy cerca de la frontera con Afganistán.
Sin embargo, al menos 4.000 personas han muerto en las últimas dos décadas debido a la violencia religiosa, donde los enfrentamientos más comunes se producen entre las dos principales vertientes islámicas, los chiíes (20% de la población) y los suníes (70%).