La Diputación ha debido de sacar un regusto agridulce de la encuesta que encargó el pasado mes de marzo entre 1.400 administrados que fueron entrevistados telefónicamente. No es que el personal esté descontento, a ver si nos entendemos. Su satisfacción por el nivel de vida del que disfruta roza el notable, con un 6,8 sobre 10: esto no es vida; es un bidón. Se trata, sencillamente, de que el contribuyente no sabe identificar adecuadamente a la madre nutricia ni a los titulares de los distintos departamentos que la integran.
No es un caso único. El lehendakari, a pesar de llevar más de siete años en el cargo, es menos conocido por la tropa vizcaína que el presidente Rodríguez Zapatero o que el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que llevan en lo suyo bastante menos tiempo. Eso no quiere decir que sean más valorados, ojo. Aunque Ibarretxe es menos conocido, es más valorado, misterios de la fe, que consiste en creer lo que no vimos.
Algo parecido pasa con la Diputación y sus titulares. El diputado general, un suponer, tiene un grado de conocimiento entre los encuestados 43 puntos menor que el alcalde de Bilbao, que desarrolla su actividad en un ámbito más restringido, como es natural. Pero donde se produce el despeñamiento en lo que respecta a la popularidad es en su equipo de Gobierno. El más conocido, hombre competente en lo suyo, es el diputado de Obras Públicas, Eusebio Melero, con un grado de conocimiento que roza el 2%, no les digo más. El diputado de Acción Social está en el 1% y los de Medio Ambiente y Empleo y Formación se quedan en el 0,1%. Estos son datos que debería anotar la ministra saliente de Educación para ir pasando el trago.
Los encuestados no saben muy bien quien gobierna, pero tienden a pensar (no sin razón) que es el PNV, y que lo hace razonablemente bien. Sin embargo, Josu Jon Imaz tiene un grado de notoriedad inferior a Otegi, lo que demuestra que toda situación,-la anterior, por ejemplo, es susceptible de empeorar. El buen paño en el arca se vende, siempre queda un consuelo, en fin.