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Viernes, 14 de abril de 2006
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Los flavonoides
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Durante mis vacaciones en Canarias seguí recibiendo nuestro periódico y leyendo las columnas de mi amigo Jesús Llona, que con sus doctas explicaciones dietéticas me organiza a veces verdaderos problemas.

Eso me ocurrió con su documentado artículo sobre los antioxidantes, que me ha sumido en profundas meditaciones y me ha creado complejo de enfermo porque, después de leerlo, ya no sé si me estoy alimentando de veneno, de antídotos o de las dos cosas.

He leído el artículo varias veces, pero me resulta imposible retener en mi viejo cerebro todos los elementos que estropean nuestro bandullo y los que procuran mantenerlo a salvo. Ahora, cada vez que voy a comer algo, tengo que consultar el artículo para ver si tiene radicales libres de esos que alteran mi LDL. Yo no sabía que, además del DNI, tenía también un LDL que provoca enfermedades cardiovasculartes. Tócate las narices.

Admito que Llona, junto al peligro, ofrece el remedio, con una lista de los alimentos que previenen las enfermedades cardiovasculares. He repasado esa lista y la entiendo toda con excepción de las nueces de macadamia. No las encuentro en ningún sitio, pero confío en que pueda seguir vivo sin ellas.

El artículo no se conforma con este problema de los radicales libres. Por lo visto, además de esos radicales, también es necesario contar con la ayuda de unos misteriosos flavonoides amarillos, de los antocianos rojos, de los carotenos, los betacarotenos y hasta los licopenos. Échele usted hilo a la cometa dietética.

Y añada usted a todo este galimatías nutricional la vitamina E natural, la vitamina C y hasta el selenio y el zinc. Y como cada antioxidante, cada flavonoide, cada vitamina y cada selenio tienen sus alimentos específicos, aquí me tienen ustedes haciendo un cuadro sinóptico de elementos y de alimentos, y cada vez que voy al mercado tengo que llevar un croquis que más que lista de la compra parece la fórmula de la bomba atómica.

Yo agradezco sinceramente tus desvelos por cuidar nuestra dieta, amigo Llona, pero no sabes bien el lío que has organizado a este consumidor hipocondríaco.



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