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Domingo, 16 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Patriotismo republicano
Este año, en los días centrales del mes de abril, coinciden la memoria de la proclamación de la II República española y el Aberri Eguna que celebran en Euskadi los nacionalistas. Las condiciones de ambas celebraciones son extraordinarias este año: son 75 los años que se cumplen de la proclamación de la II República. Y es el primer Aberri Eguna después de lo que muchos consideran como el reconocimiento por parte de ETA del fracaso de su camino violento.

Es, pues, un Aberri Eguna distinto. Y también parece ser una celebración distinta de la II República, pues existe un deseo generalizado de reclamar y de inscribir su memoria de forma definitiva en la historia de España y en la conciencia de los ciudadanos. Y no cabe duda de que se trató de un esfuerzo por llevar a la práctica de la política española las ideas de libertad, de derecho ciudadano, de justicia social, y también de respeto a la diversidad del Estado. De la misma forma de que no caben dudas de que ese esfuerzo estuvo no pocas veces acompañado de exageraciones e intolerancias serias. Pero nada que justificara el alzamiento militar de Franco.

Es, pues, hora de mirar hacia atrás sin rencor, con memoria y honestidad, y también sin miedo. Y es hora de aprender de la Historia: sobre todo de aprender que la división de la sociedad llevada al extremo es algo que es preciso evitar a tiempo. Y para ello nada mejor que educar a las generaciones venideras en los valores republicanos, entendidos éstos no como opuesto a la forma de Estado que es la monarquía, sino como conjunto de reglas que construyen un espacio público suficientemente neutral para que tengan cabida identidades, creencias e intereses distintos; un espacio público en el que se negocian entre esas pluralidades las reglas de convivencia y de respeto mutuo.

La educación republicana, si uno quiere mirar al ejemplo francés que ha servido de modelo y que sigue siendo válido en sus valores básicos a pesar de los problemas a los que se enfrenta, se basa en la transmisión del valor de la libertad, de los derechos de ciudadanía, de la necesaria participación de los ciudadanos en la política. El núcleo de la educación nacional francesa, la que se establece después del desastre de Sedán en 1870 y la que tiene como finalidad superar las divisiones de la sociedad, se centra en los valores que permiten la integración en una sociedad con tendencia a las divisiones a través de la superación de los elementos que fomentan la división -identidades, sentimientos, intereses, creencias- por medio de valores compartidos por todos. Es la educación para la ciudadanía. Es el valor republicano de la educación.

Es una educación en el patriotismo republicano, en el patriotismo constitucional. Y esta idea permite trazar un arco y vincularlo con la celebración del Aberri Eguna por los nacionalistas en Euskadi, y con los recientes proyectos para establecer un curriculum nacional vasco obligatorio para toda la educación vasca.

Es sabido que el Aberri Eguna no lo celebran todos los vascos. Es sabido que lo celebran sólo los nacionalistas. Es sabido que Euskadi no cuenta con una fiesta nacional, no cuenta con una fiesta oficial. Es sabido que los nacionalistas, mientras celebran el Aberri Eguna, se oponen a celebrar o a recordar siquiera, aunque hubo momentos en que sí lo hicieran, la fecha de aprobación de la ley que posibilita la convivencia de los vascos, la ley que legitima el poder que ejercen, precisamente y en su mayoría, los nacionalistas.

Y en esa situación pretenden hacer de la educación vasca una especie de Aberri Eguna permanente para los niños y jóvenes en edad escolar. Pretenden fijar el curriculum nacional vasco con la finalidad no de integrar la sociedad, no de transmitir valores compartidos, no para formar ciudadanos que se identifican en las reglas de convivencia, sino de preservar Euskal Herria. Y si por lo menos se tratara de la Euskal Herria de los liberales fueristas del siglo XIX, si por lo menos se tratara de la Euskal Herria de Muñagorri, mal menor. Pero no: se trata de la Euskal Herria nacionalista, esa que ven los nacionalistas amenazada porque no es la Euskal Herria, la Euskadi, la sociedad vasca de todos los vascos. No se trata de cimentar una educación nacional en el sentido del republicanismo francés. Se trata de una educación nacional en el sentido étnico-lingüístico. No se trata de un proyecto de integración, sino de asimilación: los que no se encuentran en la tradición que llevó a Sabino Arana a sustituir el término Euskal Herria por el de Euskadi, para que el Pueblo vasco tuviera una denominación política que Euskal Herria no era, y para los que habiendo aceptado Euskadi como autonomía en el sistema constitucional español no están dispuestos a asumir la Euskal Herria repolitizada de la mano de los violentos, se vean, por fin, obligados a nacionalizarse, a participar en la forma de reinventar la historia de los nacionalistas.

No habría nada que objetar si el curiculum que se pretende aprobar para toda la educación vasca tratara de que los futuros ciudadanos vascos tuvieran conciencia del hilo conductor de la historia vasca que es la permanente división, desde las guerras de banderizos, desde los parientes mayores y sus peleas con las villas, desde la división entre villas y tierra llana, desde la separación tradicional en provincias y territorios, desde el fracaso de la Ilustración de los Caballeritos de Azkoitia en la reforma de las instituciones forales, desde las guerras entre carlistas y liberales, desde la división de la sociedad vasca a rebufo de la industrialización en capitalismo monárquico, proletariado socialista y pequeño comercio-campesinado nacionalista, hasta la Guerra Civil de 1936, que lo fue y de forma extrema también en Euskadi, y la situación actual.

No, no habría ningún inconveniente en que la educación vasca contara con un curriculum que subrayara que la sociedad vasca ha sido sujeto político diferenciado y unido sólo en dos ocasiones: con el Estatuto de 1936, negociado entre los socialistas de Indalecio Prieto y los nacionalistas de Aguirre antes de que se produjera el alzamiento de Franco, y con el Estatuto de Gernika de 1980.

Pero no se trata de eso. No se trata de ejercer la competencia educativa que reside en la Comunidad Autónoma y cuya responsabilidad reside en el Gobierno vasco. Se trata de crear por medio de la educación los nacionales de los que hablaba el plan Ibarretxe distinguiéndolos de los ciudadanos. Se trata de construir la nación vasca de los nacionalistas, la nación que divide a la sociedad vasca. Se trata de que en el futuro ya no exista el pluralismo en el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos vascos, porque ese pluralismo es un problema, no un valor a cuidar y desarrollar. Se trata de crear nacionales homogéneos y uniformes en el sentimiento de pertenencia.

Franco quiso superar la división de la sociedad española a la fuerza. La III República francesa trató de superar las tendencias divisorias de la sociedad francesa por medio de una educación republicana centrada en los valores de la ciudadanía. El actual Gobierno vasco, haciendo dejación además de su responsabilidad, entiende que el pluralismo es división, y pretende superar la división nacionalizando a los niños y niñas en la escuela a través de la imposición de un curriculum nacionalista.

Los párrafos que preceden no son ningún alegato contra el patriotismo. Al contrario: todas las sociedades necesitan de fuerzas identificatorias que sirvan para dotarles de cohesión interna. Pero los elementos que, en memoria de los principios republicanos y de la historia constitucional que comienza en Europa con la revolución de 1789, sirven de identificación y de formación de un espíritu patriótico, no son los sentimientos particulares, las identidades etnolingüísticas, las creencias y los sentimientos de pertenencia comunitarios, sino las normas y reglas de convivencia, las leyes de la res publica, del espacio público que es la democracia.

Quizá algún día, ahora que nos hemos librado de la amenaza de ETA, podamos decir que es lo mismo celebrar el Aberri Eguna y celebrar la memoria de la República, porque en ambos casos nos estaremos refiriendo a los principios y normas que hacen posible la convivencia de distintas creencias, de distintas identidades, de distintos intereses, nos estaremos refiriendo al patriotismo republicano, al patriotismo constitucional. Y repito que estos principios nada tienen que ver con la forma monárquica del Estado.



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