El Correo Digital
Domingo, 16 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
La reserva
Habrá que esperar a la próxima Semana Santa para comprobar la eficacia de las normas que intentan reducir el número de muertos en carretera. Hay que tener en cuenta que no resucitan. Han pasado unos días de asueto y estaban llenos de salud cuando salieron de viaje. Habían reservado en los hoteles y en los restaurantes. Alguien intentaría incluso comer en El Bulli, sin saber que cierra más días que abre. Su dueño, el cocinero catalán Ferrán Adriá, es un genio y no sólo de los fogones. Su establecimiento ha recuperado el título de mejor restaurante del mundo, según la crítica internacional. Las Academias Gastronómicas son como todas las Academias. Hay personas cuya consideración y valoración sería idéntica de estar fuera y otras que no consiguen esas cosas a pesar de estar dentro. Pero me estoy desviando. No he reservado en El Bulli porque hay que hacerlo con año y pico de antelación y no sé cómo voy a estar de apetito. Ni siquiera sé si voy a estar. Me refiero a otras reservas, incluso mentales. ¿Cuántos proyectos sin cumplir se han quedado en el borde de las carreteras envueltos en una manta?

Nos hemos acostumbrado a que las operaciones de salida y de regreso equivalgan a partes de guerra. Hay días en los que muere menos gente en Irak. «Un destino vale todo lo que el hombre lo estime», decía Balzac, pero por mucho que cada uno de nosotros aprecie el suyo resulta que no está en sus manos. Sus manos están en el volante y en otras manos: las que están puestas en el volante del coche de enfrente. La dificultad estriba en no poder reservar un fragmento, por corto que sea, de futuro. Cómo apreciaríamos un día, aunque fuera lunes, cuando se nos hayan acabado los días. Los lunes de primavera son, según algunas estadísticas, cuando se producen más suicidios. Y con el coche en el garaje. La muerte no tiene reservado el derecho de admisión.



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