En la lucha por evitar el descenso, el Alavés se ha abonado al empate. El sendero que ha elegido el cuerpo técnico lleva camino de convertirse en una constante de aquí al final de la Liga y sumar un punto es como agarrarse a un clavo ardiendo. Máxime si el rival de turno es otro de los equipos que buscan la permanencia.
El choque de Son Moix dejó una cosa clara, que al menos fuera de casa los albiazules parecen conformarse con no encajar goles y a partir de ahí, intentar marcar en alguna jugada aislada y de calidad de sus hombres más ofensivos. Un recurso que hace peligrar la supervivencia babazorra en la categoría. Bien es verdad que el empate se dará por bueno siempre que luego se gane en casa, situación que no ha ocurrido en las últimas jornadas en los enfrentamientos con el Athletic y Osasuna.
Las salidas más recientes de los hombres de Piterman y Luna han dado poco que hablar en el terreno futbolístico. Choques, además, en los que estaban enfrente rivales directos en la clasificación como el Cádiz, el Espanyol o ayer el Mallorca. Y la apuesta siempre ha sido la misma, arriesgar poco o casi nada.
Algo entendible en su momento teniendo en cuenta que los citados empates estuvieron precedidos de triunfos en Mendizorroza. La victoria sobre el Sevilla permitió al Alavés viajar al Ramón de Carranza con el objetivo de no perder y algo similar ocurrió tras el triunfo ante el Celta y el posterior desplazamiento al estadio de Montjuic. Dos partidos en el que el fútbol albiazul brilló por su ausencia ante escuadras muy timoratas.
Miedo a perder
Llegados a este tramo de la competición, todos los equipos inmersos en la parte baja de la tabla tienen miedo a perder. Un resultado negativo puede condenarles de forma casi definitiva.
Ahora le restan al Alavés cinco auténticas finales, dos de ellas lejos de Vitoria en las que por el potencial del rival -Valencia y Zaragoza- se entendería buscar una igualada salvadora en campos hartos complicados. Pero entre medias estarán el Atlético de Madrid y el Betis con los alavesistas en condición de locales, partidos en los que no hay otra salida que la victoria. Hay demasiado en juego.