Pablo tiene diez años y es de Nadal. Lo que más le gusta es el fútbol pero no lo practica. Él se ha decantado por un deporte que no hace mucho tiempo era un vergel de licencias pero que ahora atraviesa por el desierto de la falta de jóvenes aficionados. Pablo era uno de esos pequeños que jugaban en el recreo a pelota mano, «pero con una de tenis», y su padre le convenció para que siguiera haciéndolo después de las clases y con tutores de lujo.
Desde hace unos meses Pablo se ha unido sin él saberlo a un proyecto que comenzó hace tres años de la mano de varios profesionales riojanos del deporte de la pelota. En su inicio, cuando nació, «la intención era devolverle a la pelota parte de lo que me ha dado», explicó Titín III, uno de los mayores activos de la escuela y sin duda la gran marca de este proyecto que lleva su nombre. Y ahora esa idea se ha convertido en la garantía de que la pelota riojana generará en un futuro un sustituto para Augusto Ibáñez.
Más de cien chavales se ejercitan casi diariamente en alguna de las cuatro escuelas que conforman el centro de entrenamiento 'Titín III' (La Estrella, Ribafrecha, Labastida y Lodosa). Allí aprenden los conceptos básicos de este deporte y el objetivo de todos y cada uno de ellos es avanzar para llegar a infantiles con la preparación adecuada para dar el siguiente paso.
En unos años, los técnicos decidirán si Pablo está en condiciones de dejar la escuela de La Estrella para pasar el Centro de Tecnificación del Adarraga. Entonces el pelotari entra en la fase decisiva de su formación. «Aquí adquiere su personalidad como pelotari pero sin descuidar ni un segundo su formación académica», explica Joaquín Plaza, uno de los fundadores de este proyecto. La metodología en los entrenamientos se convierte en básica porque los 32 pelotaris que ahora se encuentra en esta segunda fase sólo tienen un objetivo: llegar preparados a la edad juvenil para dar el salto y alcanzar el último estadio, el centro de alto rendimiento.