A la espera de que el Tribunal de Apelaciones oficialice la derrota electoral del centro derecha italiano que lidera Silvio Berlusconi, Italia se enfrenta a un complicado horizonte político y social que encontrará su primer obstáculo en el nombramiento del nuevo presidente de la República, que debe tomar el testigo de Carlo Ciampi. Pero los desafíos que debe afrontar Romano Prodi, el líder del centro izquierda, se refieren a la necesidad de estabilidad política y de reformas económicas para sacar al país del marasmo en el que se encuentra desde hace años. Una gran coalición o 'governissimo', como ha propuesto Berlusconi, podría ser una solución a la vista del éxito que la fórmula está teniendo en Alemania. Sin embargo, la profunda hostilidad entre los dos grandes polos políticos y el divorcio entre sus líderes no parecen facilitar el clima necesario para tejer una alianza de estas características. Berlusconi no está ofreciendo una imagen edificante, cuestionando el resultado de las urnas. La victoria de La Unión ha sido percibida sobre todo como una derrota del presidente y su estilo.
La Casa de las Libertades pivotaba sobre un partido-eje, Forza Italia, férreamente gobernado por Berlusconi. Pero Prodi no dispone de una herramienta semejante y, por tanto, depende de la buena voluntad y el sentido común de sus socios: socialistas, liberales diversos, cristianodemócratas, comunistas reformados, y algunos sin reformar, y ecologistas. El programa de La Unión está hecho y fue pactado, pero no la atribución de carteras, que será su primer rompecabezas. Liquidar el déficit presupuestario, su auténtica especialidad, combatir el fraude fiscal y fomentar el crecimiento económico son los grandes retos de Prodi. El futuro presidente del Gobierno podrá afrontar esa tarea si la variopinta coalición que preside se lo permite con un comportamiento responsable y solvente, a la altura de la reputación de su jefe.