El Correo Digital
Domingo, 16 de abril de 2006
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GUIPÚZCOA
ALEJANDRO LIZARRITURRI, EX COMBATIENTE REPUBLICANO
«Me pregunto qué queda ahora de todo aquello, ¿dónde están los republicanos?»
A sus casi 92 años, es uno de los partícipes de más edad en aquel hito histórico Cree que «no fue tan casual» que la II República se proclamara en Eibar
«Me pregunto qué queda ahora de todo aquello, ¿dónde están los republicanos?»
Alejandro Lizarriturri, en el balcón de su casa en Eibar con su libro en la mano. /JULIO CALLEJA.
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De recadista y peón pasó a luchar en las trincheras republicanas. Formó en la banda de música, condujo carros blindados y trasladó a cientos de heridos en ambulancia. Sus casi 92 años de vida encierran mil y un peripecias, algunas de ellas recogidas en el libro 'Memorias de un combatiente eibarrés durante la Guerra Civil', un relato tan natural como resulta hablar con él de capítulos a los que sólo su gran sentido del humor han logrado restarles crudeza.

-¿Cómo vivió aquel 14 de abril?

-Tenía 17 años y me acuerdo del jaleo que se organizó por la mañana, al amanecer, con gritos proclamando la República. En Untzaga se reunió mucha gente, pero a mediodía estaba la cosa un poco triste, porque no se confirmó nada de otros sitios, y todo el mundo esperaba al periódico de la tarde, que llegaba en el tren desde Bilbao, para ver lo que decía. El caso es que fue llegando mucha gente de Elgoibar, Bergara, Ermua, Elgeta y otros pueblos, y por eso se llenó.

-Al final sí hubo algo que celebrar.

-En mi opinión aquello no fue tan casual, porque a mí me da la impresión, por lo que oí, de que fue algo promovido. Indalecio Prieto tenía mucha fuerza en Mutriku y parece que les dijo a los repartidores de pescado que dejaran caer en Eibar, entre los concejales, la noticia de que ya se había proclamado la República en otros lugares. Así fue cómo ellos corrieron la voz.

-¿Y por qué en Eibar?

-Es que aquí tenía mucha presencia el socialismo y lo republicano. Era la vanguardia de ello y cuando luego vino Alcalá Zamora lo recibió todo el pueblo. Esto fue algo muy especial y por eso se le concedió también a Eibar la distinción de 'Ciudad Ejemplar'. Pero me pregunto qué queda ahora de todo aquello, ¿qué pasó con la República, con los republicanos y con los muchos comunistas que había?.

-¿Qué opina usted?

-No se hicieron bien las cosas. Los que llegaban al poder, cada cual tiraba para un sitio, pero no se acertaba. No se sabe qué se pretendía con aquella Revolución de Octubre de 1934, estando la República, no se puede entender, porque además aquello dio argumentos para justificar lo que habría de suceder el 18 de julio de 1936.

-Su libro recoge toda una odisea personal durante la guerra.

-Dejó huella. Mi madre y un hermano murieron en un bombardeo en Durango, toda la familia quedó dispersa y, en mi caso, me declararon desertor. Salí excedente de cupo, pero luego me persiguieron y tuve que ir a declarar cerca del peñon de Gibraltar acusado de prófugo. Al alférez le dije que si en realidad lo fuera no hubiera acudido allí. La verdad es que pasé por muchas vicisitudes.

-Cuénteme algunas.

-Estaba en el Batallón Amuategi y vino un comandante de Bilbao buscando dotación para un carro blindado cargado de soldados. Estuve de chófer y cuando los sucesos de Gernika me tocó conducir ambulancias de doce camillas y meterme por los montes a buscar heridos. Día y noche, hasta dormido hice kilómetros. Llegaba al hospital, en Cantabria, y me preguntaba, ¿cómo he llegado aquí?.

Miedo a los aviones

-¿Lo más duro que le tocó vivir?

-Toda la guerra es dura. Todos los días, al amanecer, lo único que deseábamos era que lloviese, porque así no podrían bombardearnos los aviones, no despegaban. Cuando venían sólo el sonido nos hacía temblar. También me tocó ver el acoso sexual que sufrían las mujeres. Había chavalas bien bonitas que por necesidad se tenían que vender, algo que pasó incluso en Eibar. Todos pasamos mucha hambre.

-¿Vio la muerte de cerca?

-Estuve en un campo de concentración en Castuera, en Extremadura, y al terminar la guerra allí se produjo la liquidación de muchos. En el puente de Colindres, cuando entregamos las armas a los italianos, también vi de todo, porque algunos, por miedo a lo que les pudiera pasar, sobre todo algunos con responsabilidad militar, se suicidaban con sus propias granadas de mano.

-¿Qué opinión le merece el panorama político actual?

--Esto va para largo, para muy largo. Si ETA ha dejado las armas será porque Zapatero les habrá prometido algo, pero el del 'PP' dice que ni 'txikita' a esos. Supongo que empezarán por traer a presos a las cárceles de aquí, aunque no sé si será suficiente como para que todo acabe tan fácil. No lo veo tan claro, porque lo que quieren es la independencia y eso no puede ser, porque entonces esto acabaría siendo otra Albania.



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