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Domingo, 16 de abril de 2006
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GUIPÚZCOA
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La religión en el siglo XX
La fonoteca 'Eibartarren ahotan' repasa infinidad de experiencias de personas mayores que vivieron el Eibar de la pre y la post-guerra
La religión en el siglo XX
Una procesión con la imagen de la Virgen de Arrate / C. E.
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Alguna otra vez hemos hecho hincapié en esta 'zona del recuerdo' en la manera de vivir la religión durante el pasado siglo en Eibar. Merece la pena, sin duda, dedicarle un segundo capítulo a un tema que nunca pasa de moda. Las costumbres cambian, la manera de ser creyente también, pero la fe se mantiene intacta en muchas personas. Todo esto lo encontramos en el archivo oral 'Eibartarren ahotan', una 'joya' que podemos consultar cuando queramos en la página web www.egoibarra.com.

Las religión ha cambiado mucho en los últimos años. La llegada de inmigrantes con otras culturas y religiones ha hecho replantearse al Gobierno la obligatoriedad de la asignatura de Religión. A muchos, todo esto nos puede parecer nuevo, pero nada más lejos de la realidad. También en el siglo XX se vivió algo parecido, aunque por causas bien diferentes.

Por ejemplo, Pilar Zugasti recuerda lo que aconteció en todos los colegios eibarreses durante la época de la República. «Con la llegada del nuevo Régimen, todos los crucifijos desaparecieron de los colegios». Estaban acostumbrados a verlos, pero no había más remedio. De todas formas, asegura que «se permitía rezar, eso no estaba prohibido, pero lo que son todas las señales religiosas, no tenían cabida en esa época».

Puede parecer que por el simple hecho de que era costumbre y tradición, todo el mundo era católico, pero no era así. Llama la atención comprobar que también entonces se celebraban entierros civiles, como recuerda en 'Eibartarren Ahotan' Alejandro Lizarriturri. «Los entierros civiles debían celebrarse, o bien a las seis de la mañana, o una vez que había caído la noche, pero se celebraban de todas maneras». Marcelino Bascaran, fallecido en 1952, era conocido como el 'cura laico', y oficiaba los funerales civiles de este tipo. En el archivo oral también encontramos anécdotas, como una que cuenta la perplejidad de los muchos presentes en un entierro civil al percatarse de la presencia de curas y monjas en el mismo.

Eso sí, no todo eran ateos o no creyentes. De hecho, eran la excepción de la época, e incluso estaba mal visto no acudir a misa los domingos. Tal era la devoción de los eibarreses que Pilar Zugasti recuerda cómo «acudíamos a la escuela de Aldatze a aprender doctrina. Primero nos aprendíamos el rosario, después los diferentes cantos y también las oraciones que realizaban las catequistas. Y para terminar, nos íbamos a la capilla».

Devoción obligatoria

Se podría decir, pues, que la mayoría de los niños y niñas de la época eran devotos por obligación. La costumbre y la enraizada fé de los progenitories llevaban a los pequeños a sumergirse en el mundo del catolicismo, aunque lo veían como algo natural. Zugasti recuerda que «la doctrina se impartía en euskera y había que aprendérsela de memoria. Era bastante duro. Nuestra catequista fue Maritxu Lesarri, y la doctrina la impartía Don Juan Ibargutxi. Acudíamos a su casa a comprar los libros de catecismo».

Por sexos, las mujeres eran, con gran diferencia, las más devotas. Muchos hombres eran socialistas y ateos, lo que no impedía a muchos de ellos acudir a misa todos los domingos, aunque también había quien no entraba y se quedaba a esperar a su esposa fuera. Menos mal que todavía no televisaban el fútbol...



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