El Correo Digital
Lunes, 17 de abril de 2006
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GUIPÚZCOA
DEPORTES GUIPÚZCOA
El Eibar no resucitó ni siquiera el domingo de resurrección. Al contrario, el conjunto azulgrana está cada vez más hundido -moral y deportivamente- y ayer tocó fondo al perder (0-1) con el Hércules en Ipurúa.
Hace tiempo que el Eibar inició su salto al vacío y tras comprobar que el paracaídas no se abría ahora ve con resignación que el de seguridad tampoco funciona y que se va a estrellar. Ante eso poco ya puede hacer y decir su entrenador, Javi Pérez, que sumó ayer ante el Hércules (0-1) la cuarta derrota en los cuatro partidos que lleva al frente del equipo armero. Totalmente desmoralizado, prometió lo único que puede prometer. Que el equipo va a seguir trabajando no sólo hasta que se consume el descenso, sino hasta el final, porque es su obligación y porque se lo debe a una afición que ayer despidió a un impotente Eibar con aplausos.
El Hércules vino con la lección muy bien aprendida a Ipurúa y se aprovechó de las desgracias del cuadro eibarrés para caminar hacia la permanencia al ganar 0-1. Su técnico, José Bordalás, se mostró feliz por los tres puntos embolsados y satisfecho porque su equipo había sabido leer bien el partido. «Ha sido lo que en principio nos podíamos esperar. Un partido trepidante, en el que se enfrentaban dos equipos que se jugaban muchísimo. Había diferencia importante de puntos, pero el Eibar era consciente de lo mucho que se jugaba. Hemos sabido interpretar el partido, sobre todo en el primer tiempo y hemos hecho que apenas tuviera situaciones de gol, sobre todo a balón parado. Nos adelantamos en el marcador y sabíamos que en este campo era importantísimo».

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