El Correo Digital
Lunes, 17 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
CRÍTICA DE CINE
Nos anuncia el prólogo de ...
Nos anuncia el prólogo de ...
DRAMA. Una escena de la película.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Nos anuncia el prólogo de la película, en un primer plano de su protagonista, que el personaje que vamos a ver no nos va a gustar. El epílogo servirá para confirmar este aviso. Se trata de John Wilmot (Johnny Depp), segundo conde de Rochester, una de las personalidades más complejas de la historia de Inglaterra, un artista que alcanzó la popularidad en su época gracias a su personalidad libertina, su talento y, como no, a su estilo de vida lascivo, provocador y rebelde.

Lo que nos cuenta el debutante director Laurence Dunmore no es el habitual ascenso a la gloria y posterior caída a los infiernos, sino, más bien, el descenso continuo a los subsuelos, partiendo del infierno mismo. El retrato de la época, estamos en 1660, no puede ser más degradante para la nobleza de una monarquía que lucha contra la ruina y extinción. La licenciosa vida de los caballeros viene marcada por dos refugios irrenunciables, el prostíbulo y la taberna, en una carrera de excesos para sentir que la vida existe. Rochester es brillante, sus versos son reconocidos, el rey Carlos II (John Malkovich) le aprecia y tiene la mejor de las mujeres. Sin embargo, sus obsesiones sexuales le llevan a ese pozo sin fondo, en el que acaba podrido por la sífilis.

Dunmore recurre a una ambientación fiel y creíble de la época al que ayuda una fotografía sin intensidad cromática, en la que abundan las iluminaciones tenues. Los diálogos, cargados de excesos, impulsan la interpretación de unos actores convincentes que, en ocasiones, se muestran de forma teatral.



Vocento