La estadística y las imágenes lo confirman. El TAU estuvo ayer en el Nou Congost. Pero el nulo baloncesto desplegado hacen dudar de que el televisor dijera la verdad. Ausente, huido de cualquier intento de duelo, deambuló por la pista manresana. Con la cabeza en una dimensión desconocida. Pensando en no se sabe qué y, por tanto, brindando cortés el triunfo a su humilde oponente.
Tal vez fuera el brillo de la reciente gesta de Atenas, el peaje físico por tamaña hazaña, los últimos sobreesfuerzos enlazados o quizá nada de esto. El caso es que el Baskonia exhibió una galopante flojera. Defectuoso y vidrioso. Todo lo contrario que el necesitado Ricoh Manresa. Su hambre de triunfos -mayor tras conocer las victorias mañaneras de Caja San Fernando y Etosa- le llevó a forzar el corazón en cada movimiento. Esa intensidad ahogó al Baskonia más tibio de los últimos meses.
Sólo así cabe explicar los 104 puntos encajados. Un auténtico sonrojo. Una losa demasiado pesada para ser levantada. Un éxito mayúsculo que apuntar en la agenda del pequeño Manresa, rey por un día.
¿Qué le ocurrió ayer al TAU Cerámica? ¿Por qué esa distancia sideral entre el que enamoró en Atenas y el que avergonzó en la tarde de ayer? Se movió en una longitud de onda demasiado débil. Apagado. Congelado. El coscorrón fue mayor de lo esperado debido a que topó con un adversario vehemente, encendido. Pura energía, producto de la necesidad.
Personales
Y eso que nada hizo presagiar en los preliminares que tocaría probar ricino. La entusiasta afición local no paró de pedir autógrafos a los héroes del OAKA, que ejercitaron la muñeca como nunca en el arte de la firma. Hasta en la última rueda de calentamiento les reclamaban un recuerdo. Así resulta muy difícil concentrarse.
Con el balón en juego, enseguida se vio que no era el día para saltar del asiento. Pese a que Prigioni presionaba por todo el campo a Oliver o que conectaba con Scola salvando el férreo dispositivo de control manresano, el motor no carburaba. ¿La razón? El deficiente nivel defensivo.
Los de Quintana -a quien en Manresa ya están pensando en levantarle un monumento- sumaban a través del rebote ofensivo, una tara tradicional en el actual Baskonia. La potencia atrás todavía bajó varios puntos más cuando Splitter y Hansen calentaron banquillo tras recibir sus segundas faltas personales.
Al mismo tiempo, el dúo Oliver-White comenzó su 'show' particular. Problemas. El Manresa abría las alas coincidiendo con la técnica a Perasovic por su airada protesta de una decisión arbitral. 13-0 de parcial (28-16).
Los hilos del local
Aunque quedaba un mundo, el termómetro de las sensaciones ya andaba bajo mínimos. No era el día. La formación catalana, merced a un perfecto estudio del rival, movía los hilos. Vigoroso y con un juego tan sobrio como efectivo. Sin florituras.
De esta forma, su renta continuó creciendo. A pesar de los fogonazos de Erdogan en el segundo cuarto o del alocado intercambio de canastas del siguiente. De hecho, en varias fases, la brecha alcanzó un máximo de veintiún puntos. La última vez, a 8.50 del final (83-62).
En ese momento, enlazó el Baskonia un 0-13 que apuntó a un hipotético volteo. Imposible. Porque el trío Oliver-Laviña-White siguió bendecido. Pero, sobre todo, porque el TAU andaba con la mente en otro lugar, en otra dimensión desconocida. Sin percatarse de que el liderato amarrado hace una semana se le esfumaba de las manos. Sin intentar nada convincente por remediarlo.
d.gonzalez@diario-elcorreo.com