El Correo Digital
Lunes, 17 de abril de 2006
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DEPORTES
DOLOROSA DERROTA DEL LAGUN ARO
El Lagun Aro juega con fuego
El equipo bilbaíno mancilla de nuevo su imagen con una derrota sin paliativos en Fuenlabrada Frío y perdido, ha logrado perder la tranquilidad clasificatoria
El Lagun Aro juega con fuego
LUCHA. El 'rojillo' Weis es objeto de falta por parte de dos rivales.
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LAGUN ARO FUENLABRADA -
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A sufrir. A estar pendiente de lo que hagan los demás. A eso ha llegado el Lagun Aro por no haber roto la Liga como a él le interesaba. Dejar escapar notables oportunidades conduce a la incomodidad. La tienen que estar sintiendo como nunca en la temporada los rojillos, a los que la Semana Santa -fácil recurso, pero de lo más explícito- se les ha presentado como un inesperado vía crucis. En las puertas de un frondoso jardín se han quedado Vidorreta y sus hombres tras caer ayer en Fuenlabrada. Sin paliativos, carentes de excusas más allá de las miserias propias, de limitaciones que se repiten como un mal que comienza a ser enfermizo.

Perder ante los de Casimiro no tiene nada de extraño. Hacerlo tras un ejercicio de debilidad, es otro cantar. Sin dureza, con escasos recursos defensivos -bien cerrada la pintura y abierta de par en par la puerta del perímetro-, frenados por la falta de clarividencia en ataque y la inoperancia para hacer resurgir la velocidad como arma disuasoria. Todo lo que aportó el Lagun Aro tras el primer cuarto fue nocivo para sus intereses. Cuando lo aportó, porque por ejemplo tardó casi seis minutos en anotar puntos en el segundo acto. Y, como también parece ya una tradición, su rival no acababa de sentenciar el choque y se conformaba con acercar sus rentas a la decena. Cómo se está poniendo la ACB.

Es particularmente doloroso, criticable, inexplicable, que el Fuenlabrada acabara haciéndose con las riendas del choque cuando la situación parecía prever la consolidación rojilla. Sin Wideman y Calvary en cancha -sus postes-, Jorge García y Guardia ejercieron de líderes. El cordobés -cómo no imaginarlo- puso en solfa la defensa vizcaína, que le daba metros y libertad para pedir, recibir y anotar triples. Hasta tres en el segundo cuarto. Su compañero valenciano hacía lo que sabe y exige su contrato, que nadie se ponga más chulo que él en la pintura. Con ello, los madrileños tenían mucho ganado, más cuando se comprobó con el paso del tiempo que Salgado flaqueaba ante Ferrán López, lo mismo que Panko, acribillado por los marcajes. O que Stefanovic mantiene su tendencia a bloquear a los suyos ante la canasta contraria. O que Rancik siguiera por segunda semana consecutiva desaparecido en combate. De la lista menos glamorosa se libraron Scott, por su trabajo antes de maquillar los números, Weis casi siempre constructivo y Montañez, que parece aislado en tierra de nadie cuando no funciona el base. Incluso Savovic perdió los papeles -una antideportiva gratuita- y Banic se apuntó al club del mosqueo cuando fue sustituido tras gozar de 1,4 minutos. Luego, los problemas de faltas le habilitarían de nuevo.

Previsibles

Así están las cosas. Los bilbaínos se han convertido en un grupo previsible, con una riqueza táctica de la que no pueden sacar partido. Se empotran contra situaciones adversas esperables y no se ven capaces de reaccionar pese a que el peligro se vea venir. El amago constante de los fuenlabreños por dentro para que la bola acabara en manos de Vitols o Solana o quien quisiera apuntarse al festival con total libertad ante la línea de tres llevaba implícito a un 90 por ciento de posibilidades la captura del posterior rebote ofensivo. Los cuerpos uniformados de naranja volaban a por cada balón sin dueño. Los de negro, lo seguían con la mirada. Sabedores de los resultados habidos -triunfos del Caja San Fernando, Etosa, Fórum- era exigible una determinación por ganar sin arrugas, una dedicación imperturbable, una compromiso enfermizo.

Por lo que se vio sobre el parqué del vetusto pabellón madrileño, eran los locales los únicos decididos a salirse con la suya, a sumar una victoria balsámica para sus aspiraciones -no pasar apuros y seguir mirando de reojo la octava plaza-. El compromiso fue su motor, su camino hacia el triunfo. Tuvieron deslices, presunciones prematuras de que todo había acabado antes de tiempo, frivolidades. Pero su facilidad para rearmarse y jugar como un todo único acabó por definir su perfil ganador.

El descenso sigue a dos victorias. El Lagun Aro no necesita ayudas externas. Depende de sí mismo. Eso es bueno y malo. Tal como están los de Vidorreta, medir la confianza que destilan es muy complicado. Por trayectoria y motivación, da menos miedo acudir el miércoles al Buesa Arena que recibir el domingo al Fórum. Si hubiera que elegir una de las dos muescas, la pucelana sería especialmente rentable. Pero es hablar por hablar a la espera de que el equipo demuestre en la pista que no se ha quedado mudo, que la dislexia de su juego pertenece definitivamente, al pasado. Si no, malo; muy malo.

j.m.cortizas@diario-elcorreo.com



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