Javier Clemente dejó ayer en un segundo plano el relevo generacional que, según anunció el sábado, quiere impulsar en el Athletic y dio entrada en su 'once' titular a Ismael Urzaiz, un futbolista de 34 años «al que no se le puede hacer jugar hasta el final de su contrato», en opinión del técnico vizcaíno.
Horas después de que el ex-seleccionador de España arremetiera contra determinados medios de comunicación por, entre otras cosas, no apoyar a un «niño» como Fernando Llorente y de que defendiera su presencia en el equipo ante el Mallorca la pasada semana aún sabiendo que «no juega ni la mitad» que Urzaiz, Clemente decidió rectificar.
Y lo hizo alineando anoche en el Calderón al delantero de Tudela que, curiosamente, no jugaba de inicio lejos de San Mamés desde que el preparador de Barakaldo se hizo cargo del banquillo rojiblanco en el empate entre el Espanyol y el Athletic de la primera vuelta. Clemente llevaba toda la temporada subrayando la necesidad de reservar a Urzaiz para los partidos de casa. Sin embargo, llegado el momento de confeccionar sus alineaciones, no seguía sus propias palabras y el atacante rojiblanco acaba viendo el encuentro desde el banquillo o desde la grada. Pero ayer, el técnico se olvidó del relevo generacional, de futuros compromisos ligueros y descargó sobre el ariete navarro gran parte de la responsabilidad ofensiva del equipo.
Con todo, el estadio colchonero no aparecía como el escenario propicio para devolver la titularidad a Urzaiz. Conscientes de que la única manera de mantener vivo el sueño europeo pasaba por tumbar al cuadro bilbaíno, los futbolistas del Atlético saltaron al terreno de juego decididos a conseguir la victoria. Pero Clemente sabía perfectamente cuáles eran las intenciones del conjunto madrileño y, como suele ser habitual en los encuentros que los rojiblancos disputan lejos de San Mamés, dibujó uno de esos esquemas que, principalmente, persiguen el objetivo de fortalecer la solidez defensiva del equipo, a la espera de que el triunfo se presente a través de un rápido contragolpe, de un fallo del rival o de una jugada aislada.
Con este planteamiento, el partido no parecía diseñado para que Urzaiz explotase sus privilegiadas cualidades para el remate y para el juego de espaldas a portería. Pero el ariete navarro, como ya hizo hace dos meses, cuando anotó el providencial gol de la victoria ante el Racing en El Sardinero, se empeñó en demostrar que sigue siendo el faro que ha guiado el ataque del Athletic durante los últimos años. Y lo consiguió.
Aunque acusó la falta de continuidad, Urzaiz se convirtió en el arma más peligrosa del Athletic durante los 61 minutos que estuvo sobre el campo. Participó en tareas de recuperación, facilitó la labor a sus compañeros con el gran número balones que ganó por alto y todavía tuvo tiempo para firmar las mejores ocasiones rojiblancas. Pero, después fue sustituido y no pudo ayudar a despejar el lanzamiento de falta que dio la victoria al Atlético.