Leiza, con su gesto pétreo, emitiendo sobre la cancha la imagen de un empleado de pompas fúnebres -no se sabe si gana o pierde-, está despertando de la somnolencia a la gran familia pelotazale vizcaína, aletargada desde hace muchos años. En las últimas décadas las 'txapelas', pasan un año si y otro también de largo por Vizcaya.
Bien es verdad que el delantero de Lemoa, según los técnicos, «no es un candidato firme» al titulo más emblemático de la modalidad, pero como decía ayer en Tolosa un castizo aficionado de Durango: «Que nos quiten lo 'bailao'». A Leiza, siempre pendiente de los caprichos programáticos, nadie le ha regalado nada en el profesionalismo.
Formó parte de los privilegiados de la pelota a mano gracias a Maesku 2000. Empresa gestada por Luis Benito Nalda y que más tarde traspasó todos sus pelotaris a Asegarce. Se proclamó campeón de segunda categoría del Manomanista y del Cuatro y Medio. Y en 2006 ha presentado sus credenciales entre los grandes caciques de la modalidad.
En su primera toma de contacto puso en evidencia (22-6) al zaguero de Zubiri, Fernando Goñi. Después y contra la opinión de la cátedra, sonrojó en el frontón Labrit (22-7) a Barriola. Ayer, contra pronóstico, fulminó (22-20) a Asier Olaizola. No ha sonado la flauta por casualidad. Ahora en cuartos le espera González. A seguir soñando.