Paco Larrañaga no será ejecutado. El Ministerio de Asuntos Exteriores confirmó ayer que el joven de ascendencia vasca está incluido en el millar de presos condenados a muerte en Filipinas cuyas penas capitales han sido conmutadas por la cadena perpetua. Larrañaga, por tanto, saldrá en breve del corredor de la muerte, aunque no de la cárcel donde permanece desde hace más de ocho años acusado de la violación y asesinato de dos hermanas.
El indulto ha sido posible gracias a una medida de gracia anunciada por la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, en un mensaje hecho público con motivo del Domingo de Resurrección. La máxima responsable del país asiático se comprometió a impulsar un «cambio de política» para remplazar la pena de muerte por condenas a cadena perpetua. Hasta que ayer se precisó la identidad de los beneficiados por la medida, la familia del recluso de origen guipuzcoano vivió horas de incertidumbre y esperanza contenida.
Pero los mejores augurios se hicieron realidad a primera hora de la tarde de ayer. El hijo de Manuel Larrañaga - el pelotari que emigró desde el municipio guipuzcoano de Alegia para emparentar con una de las familias de la élite filipina- es uno de los condenados acogidos a esta medida, según confirmaron ayer responsables de Exteriores. «Aunque prácticamente lo sabíamos, hoy (por ayer) nos ha llegado la confirmación oficial», indicó el diplomático Joaquín Durán. «Estábamos confiados en que la medida, emitida con carácter general, afectase a Paco y al final así ha sido», se congratuló. Respecto a cuál será el próximo paso que el Gobierno español dará en relación con la revisión del juicio, Durán aseguró que el Ministerio de Exteriores seguirá trabajando «en la misma línea que hasta ahora». «A lo largo de la semana veremos cómo se desarrollan los acontecimientos», adelantó.
«Una gran noticia»
Larrañaga, que en la actualidad tiene 29 años, se encuentra todavía en el corredor de la muerte de New Bilibid, la mayor penitenciaría del sureste asiático: un inmenso complejo de barracas y celdas comunes donde se hacinan más de 16.000 reclusos en condiciones extremas. El joven fue condenado a muerte por el Tribunal Supremo en febrero de 2004 por el secuestro, violación y asesinato de dos hermanas filipinas. El juicio estuvo «plagado de irregularidades», según la familia, su defensa y numerosas organizaciones internacionales. El acusado sostiene que, en el momento de cometerse los crímenes, se encontraba en Manila, a 300 kilómetros, realizando un examen, como aseguraron una treintena de testigos cuyo testimonio no fue tenido en cuenta por el juez.
El abogado de Larrañaga destacó que la conmutación de la pena capital es «una gran noticia» puesto que a partir de ahora «no nos jugamos la vida de Paco y podemos trabajar con más tranquilidad». El objetivo es, ahora, la absolución del joven. «Si tuviéramos una mínima duda sobre su inocencia, nos daríamos por satisfechos con esta medida. Pero tenemos absoluta certeza de que es inocente, por lo que no nos conformamos», aseveró.
El indulto de Larrañaga llega después de las innumerables gestiones realizadas desde España para lograr salvarle de la inyección letal y conseguir la revisión del juicio. Desde el Rey hasta el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pasando por el Congreso o el Gobierno vasco, muchas han sido las autoridades e instituciones que han intercedido por salvar la vida del recluso. En noviembre, la entrevista que mantuvo el entonces ministro de Defensa, José Bono, con la presidenta filipina arrojó un rayo de luz al proceso: Gloria Macapagal Arroyo se comprometió a que, mientras siguiera en el cargo, no se ejecutaría la sentencia.
El diputado socialista en la Comisión de Exteriores del Congreso, Juan Moscoso, destacó ayer las «inmejorables» gestiones realizadas por el Gobierno español. «Es una decisión justa y valiente que abre las puertas a la abolición de la pena de muerte en el país asiático». Por su parte, el secretario ejecutivo de Relaciones Internacionales del PP, Jorge Moragas, manifestó su alegría por el hecho de que un español «salga del corredor de la muerte». «Pero no podemos conformarnos, pues la causa de nuestra lucha es su inocencia», matizó.